viernes, 29 de octubre de 2010

Cuentas pendientes



“La Argentina produce excelentes escritores y futbolistas”, se envanecía al decirlo, el también escritor argentino, Rodrigo Fresán. Sin embargo, al menos en la materia de la que algo sé, la literaria, todo parece darle la razón.

Cuentas pendientes, novela de Martín Kohan, valida el enunciado con el que se inaugura el párrafo anterior y comienza de este modo:

Tengo para mí que Giménez, tarde en la noche, arrastra los pies cuando entra en la cocina. Está cansado, las piernas sinuosas y como de tela, acechadas por calambres, quebradizas. Pero hay algo más que eso en los pies que no despegan del suelo: calza pantunflas, y si las levanta del suelo al dar un paso se le zafan y se le van. El resultado es un siseo que, en el comienzo de la madrugada, y a no ser por las voces que expide desde el cuarto la televisión prendida, resultaría perfectamente audible.

En la cocina apretada del departamento de Giménez, hay espacio apenas para dos: para la heladera y para él. El hecho en sí no lo inoportuna, dado que vive solo, pero para abrir la puerta de la heladera se ve en la necesidad de hacer maniobras complicadas y juegos de cintura que, a su edad, le cuestan y lo agitan. Luego le pasa siempre lo mismo: se queda parado delante de la heladera abierta y no recuerda en absoluto qué era lo que venía a buscar.

En lo sucesivo, Kohan no tendrá piedad con su personaje, Lito Giménez. Se ensañará con él: le veremos rehuir al rentero, asistiremos a la merma de su virilidad, a la cotidianidad simple y gris de una vida apagada apostándole, tozuda y vanamente, al azar (las carreras hípicas son lo suyo), al estira y afloja que mantiene con su ex mujer y la madre de ésta (“Ojito, ché, con hacerme alguna cosa”). Kohan se esforzó y lo obtuvo: nos regala, aderezado con un endiablado sentido del humor, el monumental retrato de una ruina.“Todos queremos llegar a viejos y todos negamos que hemos llegado", sentenciaba Quevedo. Por algo será. Como moscas al azúcar, a la vejez la persigue un rosario de miserias.

Cuando todo parecía indicar que con Cuentas pendientes nos la veíamos con la construcción de un personaje (como hace mucho no se veía), Kohan, ejecuta, en el capítulo XIV, una jugada maestra: deja de narrar de manera indirecta y pasa a contarnos la historia en primera persona; pero la voz cantante no es la de Giménez sino la del temido Dueño del apartamento al cual el primero adeuda cuatro meses de alquiler, quien resulta, a la vez, un escritor sospechosamente parecido al autor de la novela.

(Otro destacado autor argentino, Ricardo Pligia, sustenta que todo texto narrativo tiene un discurso explícito y otro tácito. En la novela que nos ocupa la historia soterrada, tratada con alfileres, sugerida oblicuamente, tiene que ver con la hija de Giménez; Inesita fue uno de los tantos bebés que en la desdichada hora de la dictadura militar fue arrebatado a sus padres biológicos (opositores y en consecuencia perseguidos por el Poder)y dado en adopción. Uno de los pocos amigos de Giménez, el coronel Vilanova, fue el puente necesario para este caso concreto.)

A todo esto, yo sólo quería decir que Martín Kohan ha escrito una novela entrañable; un notable ejercicio de invención, y eso, amigos, es un regalo mayor.

***
Círculo de Lectores/ Noviembre 2010: La cita con "La otra historia de México: Díaz y Madero" de Armando Fuentes Aguirre, Catón, es este sábado 6 de noviembre a las 11:00am en el Antiguo Banco Longoria.

martes, 26 de octubre de 2010

Aeternum vale



¿Qué se propone este octubre? Con pocos días de diferencia se ha llevado al historiador Friedrich Katz, y a los escritores Antonio Alatorre y Alí Chumacero.

Alatorre, mea culpa, es el menos leído –por mí- de los tres. De Katz valoro, sobremanera, su monumental biografía de Pancho Villa.

Alí fue un poeta de amorosa raíz y más que eso, fue también un cuidadoso editor en el FCE; se sabe que a su cuidado estuvieron libros capitales como el Pedro Páramo de Juan Rulfo.

A Chumacero lo conocí en su calidad de antologador; de consuno con Octavio Paz y José Emilio Pacheco preparó Poesía en Movimiento, un clásico en su género. Fue sólo leer ese libro y luego procurarme toda su poesía (los otros dos autores eran ya viejos conocidos).

Con la despedida a Alí Chumacero decimos adiós a un poeta. Si acaso hubiese lugar a dudas, lea usted:

Poema de alta flor

Y cuando el viento sea flor marchita,
y la noche no viva sino en puro recuerdo;
cuando el silencio reine
y descienda implacable sobre lunas y estrellas.

Y cuando sólo quede la ceniza
de todo aquello que fue luz, montaña y sombra;
al final de los límites vertidos en los seres;
más allá de los tiempos.

Cuando esté la esperanza destruida
y los ángeles mudos perdidos para siempre,
y el agua tan exigua que ni Dios beberá;
después de esto, después.

Cuando el rosal se halle en plena muerte,
perdidas en la nada las sendas y las flores,
y aunque el dolor y el ser no sean más que sueño,
seremos todavía

Aeternum Vale.

lunes, 25 de octubre de 2010

Madre e hija



“No le entendí, no me gustó y me aburrió”, son la temida trinidad de toda mala película. Eso se lo oí a Rodrigo García. Y vale decir que tan presente lo tiene que procura exorcizar en sus trabajos a ese maléfico trío; Madre e hija, el más reciente, es un claro ejemplo.

Como en otros de sus filmes aborda la sensibilidad femenina y en éste, en concreto, el asunto de la maternidad (biológica y por la vía de la adopción). Se trata, pues, de una íntima mise en scéne (todo colabora para ese fin, la música, la fotografía…)

Para los cazadores de créditos: la produce nuestro paisano Alejandro González Iñárritu. Y algo más: Cuando el cineasta colombiano eligió, atinadamente, a Annette Bening y a Naomi Watts para los protagónicos, la película ya estaba prácticamente hecha.

¿Que si la recomiendo? Rotundamente sí.

jueves, 21 de octubre de 2010

Los que se quedan


Los que se quedan, de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman, cuenta la historia de familias mexicanas escindidas por el fenómeno migratorio.

La suerte de los migrantes es accidentada, a veces generosa, otras cruel, mayormente triste. Como tristes suelen ser los días de los que se quedan.

Pero también hay risas, también hay fiestas; esperanzas también: ya de ir a encontrarse con los que se fueron, ya de recibirlos, un día, cualquier día; porque como dice la canción: “uno vuelve siempre, a los viejos sitios donde amo la vida”.

El merito de este documental estriba en que no se engolosina con el fatalismo. Trasmite vida en cada cuadro. Profundo. Conmovedor. ¿Qué más?

martes, 19 de octubre de 2010

La teta asustada



La teta asustada, segunda película que veo de Claudia Llosa (la primera fue Madeinusa), narra el trauma de Fausta (Magaly Solier), hija de una campesina violada en la dramática hora de los enfrentamientos entre el ejército peruano y el grupo terrorista Sendero Luminoso.

Fausta recibió de su madre, con la leche materna, el terror de aquel evento. A esta situación, precisamente, le llaman la teta asustada. Pero ahí no acaba el asunto. La hija, temerosa de repetir el aciago destino de su madre, toma precauciones extremas, se inserta una papa en la vagina para contravenir de ese modo cualquier intento de penetración violenta. El tubérculo crece dentro de ella provocándole infecciones, desmayos…

La joven Fausta se emplea, en casa de una pianista desatendida por las musas, como doméstica, para ganar unos cuantos soles con los cuales llevar el cadáver de su madre a su solar nativo. Estas secuencias son alternadas en el filme con acercamientos a la vida cotidiana del pobrísimo barrio donde vive la familia de la protagonista: un tributo apoteótico al Kitsch. (No supe si reír o llorar con la escena del desfile de los invitados a una boda ostentando sus regalos.)

Claudia Llosa no cae en la ordinariez ni pregona un discurso de animosidades políticas, sólo nos recuerda que aún en las vidas más miserables hay lugar para la belleza. Si usted se quiere conmover pruebe con La teta asustada. Algo le aseguro, por algún tiempo, la mirada de Fausta le perseguirá.

viernes, 15 de octubre de 2010

La otra historia de México: Díaz y Madero



Hay una entrañable hidalguía en los empeños de don Armando Fuentes Aguirre, Catón; da cuenta de ello los tres libros que bajo el título genérico La otra historia de México ha venido escribiendo, Díaz y Madero, La espada y el espíritu, el más reciente de la saga.

El propósito del libro se inscribe en la órbita de las tareas revisionista de la historia patria. Catón, sostiene:

El relato oficial de la historia de México ha sido una galería de estatuas marmóreas o broncíneas. Como en las películas de vaqueros, en esa mentirosa relación los héroes son perfectos, incapaces de todo asomo de maldad, y los villanos aparecen como réprobos sin posible salvación, condenados eternamente al basurero de la Historia… Por eso me propuse escribir una versión distinta de su pasado, alejada de la historia paraestatal, tan deformada y llena de falsedad y ocultaciones.

En ese sentido, la Historia trabajada por Catón aspira a ser puente de reconciliación entre los mexicanos y no, como ha venido siendo, motivo de encono. Basta ya de liberales contra conservadores, hispanistas versus indigenistas, Madero enfrentado a Díaz.. Encomiables todos en sus episodios de grandeza; reprobables todos en sus momentos de abyección. Admirar la generosidad y el valor de Madero no tiene por qué desdorar los éxitos de Díaz, de quien Catón destaca “el supremo patriotismo de la renunciación”.

La más noble aspiración del licenciado, maestro y periodista coahuilense puede resumirse en un enunciado: “Amar a México en su verdad”. Sabemos que esa verdad abunda en molicie y fechorías hasta el punto de erizarnos los pelos. Conviene recordar que respecto de su entrañable Buenos Aires, Borges escribió: “No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”.

Finalmente, escribir de un modo claro y entretenido es un signo de cortesía que los lectores le agradecen a Catón; él presume de cuatro, sospecho que son muchos más.

martes, 12 de octubre de 2010

A medio siglo de la muerte de Albert Camus


En el año en que recordamos a Albert Camus, a medio siglo de su muerte, he vuelto a leer El extranjero.

Mi primera lectura de esa novela la hice antes de cumplir veinte años. Era la época en que leía con fervor todos los libros de Mario Vargas Llosa que caían en mis manos; dentro de ese todo, llegó uno ahora difícil de conseguir: Entre Sartre y Camus. Se trataba de un ensayo en el que el peruano recordaba como la literatura comprometida cuyo paladín fue Jean Paul Sartre encandiló sus mocedades (al axtremo que sus amigos le llamaban "el sartresillo valiente"). Sin embargo, con el paso del tiempo, las simpatías del autor de La ciudad y los perros terminaron por decantarse a favor de Albert Camus.

También era la época en que tontamente más singular me juzgaba. Sentía que lo mío era alejarme de todo y de todos. Mi divisa, un pensamiento de George Bernard Shaw: “No ames a tu prójimo como a ti mismo. Si estás en buenos términos contigo mismo, sería una impertinencia; si en malos, un insulto.”

De manera que, y como se verá más adelante, en esas circunstancias la lectura de El extranjero fue atingente. En ella se cuenta la historia de un hombre, Meursault, al que una serie de eventos desafortunados terminan por situarlo en el patíbulo. A la muerte de su madre, donde se la juzgará frío e insensible se sucede un asesinato en defensa propia. Le sigue un proceso por momentos absurdos hasta el punto de querer constituir su conducta en los funerales de su madre en una de las causales del homicidio.

La extranjería de Meursault no es territorial sino de índole moral. Su conducta, (era callado pues, según constó en las actas del juicio, cuando no tenía nada que decir prefería no hablar. Este gesto que podemos juzgar pertinente y de meridiana coherencia, en una sociedad parlanchina dada a la garulla, se tenga o no algo que decir, resultaba, y aún resulta, sospechoso) y su indiferencia ante las urgencias de los otros ha hecho de él un personaje para la posteridad.

Además del pulso de cirujano con el que Camus la escribió, esa pequeña novela destaca por las aún vigentes reflexiones éticas que en ella se dan cita. Como ya he dicho, la sentencia fue tremenda, sobre Meursault recae la pena capital. A escasas horas del cadalso le visita un capellán y él rechaza los favores de la confesión. El diálogo fue el siguiente:

¿”Por qué”, me dijo, “rehusa usted mis visitas”. Contesté que no creía en Dios. Quiso saber si estaba bien seguro y le dije que yo mismo no tenía para qué preguntármelo; me parecía una cuestión sin importancia… Quiza no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero, en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba… y (dada la urgencia de su situación) no tenía tiempo para interesarme en lo que no me interesaba.”

Es la hora en la que me pregunto cuánto de Meursault vive aún en mí. A medio siglo de la muerte de Albert Camus vuelvo a leer El extranjero. Consagro, así, el mayor homenaje que se puede rendir a un escritor: la relectura.

jueves, 7 de octubre de 2010

Mario Vargas LLosa, Nobel de Literatura



Una noticia matutina me alegró el día: este año el Nobel de Literatura se le concederá a Mario Vargas Llosa. Cuando en reuniones del Círculo de Lectores me preguntan a quién de los escritores de lengua española, en activo, considero como el mejor, mi respuesta siempre lo ha señalado a él. (Suspendamos por un momento el ejercicio según el cual concluiríamos que hablar de mejor y peor en literatura es baladí.) Externar esa opinión en un pueblo como este, donde el santón literario es Gabriel García Márquez, a veces resultaba temerario.

Vargas Llosa pasará a la historia como novelista. Pero también ha cultivado otros géneros, el relato, el teatro, el ensayo. Recientemente ha cobrado fama internacional por su columna de opinión para el diario El País; como observador del acontecer internacional, el escritor peruano-español es ya un referente obligado.

He leído, practicamente, todo cuanto ha publicado y al menos cinco de sus títulos he releído gozosamente: La guerra del fin del mundo (para mi gusto, la mejor novela latinoamericana), Conversación en la Catedral, La Casa Verde, La Tía Julia y el escribidor y La fiesta del Chivo.

Un más allá del aprecio literario: tengo a Mario Vargas Llosa por un maestro de vida. No pocas de las ideas liberales que me caracterizan llegaron por el convencimiento de su pluma. Ha defendido la libertad del individuo contra las tiranías de todo signo, vengan de la derecha o de la izquierda, a diferencia de Gabriel García Márquez y su silencio vergonzante ante las felonías de Fidel Castro.

***
El Antiguo Banco Longoria. Ese inmueble tan hermoso de nuestra ciudad será la sede, lo que resta del año, del Círculo de Lectores. En octubre, el 23, leeremos El Extranjero de Albert Camus (con ello pretendo recordar al Nobel francés a 50 años de su muerte, conmemoración que por estos lares pasó de noche). En el revolucionario mes de noviembre la cita es con La otra historia de México: Díaz y Madero, libro de don Armando Fuentes Aguirre, Catón. En diciembre, para cerrar el año con broche de oro, El sueño del Celta, la última novela, a la fecha, de Mario Vargas Llosa. Tanto la reunión de noviembre como la de diciembre serán el primer sábado de cada mes y, en todos los casos, a eso de las 11:00 am.

lunes, 4 de octubre de 2010

Celda 211



La hora y minutos que dura Celda 211 su vida se suspenderá. De la primera toma a la última, esta película no tiene desperdicio. Si algo exigimos del arte, si algo celebramos del arte es esa puerta de escape que se nos abre: nos evadimos de nuestras circunstancias; dejamos de ser quienes somos y asistimos a otra realidad más desconcertante que la propia.

Juan Oliver, próximo a incorporarse como celador, realizaba su primera visita a las instalaciones de la cárcel cuando un motín al interior de la misma lo sorprende dentro. Un golpe, consecuencia de una detonación, lo noquea. Quienes le daban el recorrido resuelven dejarlo en la celda 211, en ese momento vacía, mientras van por asistencia médica. El amotinamiento cobra proporciones dramáticas y Juan es abandonado a su suerte.

Cuando se recupera del desvanecimiento, Juan advierte rápidamente de qué va el asunto, y el instinto de supervivencia le dicta la única medida sensata que en esa situación puede ejecutar: confundirse como un recluso más.

Celebro en el cine su capacidad, ya lo dije, para entretenerme. Si además de eso vislumbro aspectos de corrupción penitenciaria, impericia en el manejo de conflictos, obsesión por el poder incluso en los reductos; para decirlo en corto, me acerco, palpo, huelo, la mala levadura del hombre, bueno no me queda más que aplaudir a quien me regaló esa experiencia, en este caso a Daniel Monzón, director de la película.

Celda 211 nos ayuda a comprender que incluso en los hoyos hay moradores de primera y de segunda (la mayoría de los reos desclasados toman como rehenes a tres presos etarras) y, más inquietante, que en cualquier momento, cualquiera de nosotros, mansos hombres de bien, podemos situarnos en el otro lado.

Mención especial merece Malamadre, el líder de los amotinados, encarnado por el actor Luis Tosar. Tosar le llevará de la risa al llanto, y que esto lo hago un tipo con el cual decididamente no querríamos enfrentarnos, es de un mérito mayor. Calificar de sobresaliente a la actuación de Luis Tosar es quedarnos corto: merece todos los honores.

Celda 211 es el tipo de cine que me apetece, y no bisuterías bicentenarias.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Álvaro Uribe: ars narrativa

Aún no veo El atentado, pero puedo emitir un juicio a priori: como en muchas otras de sus películas, Jorge Fons ha recurrido, para cimiento del guión, a una novela trabajada con talento; en este caso, Expediente del atentado, de Álvaro Uribe (de la que me ocupé en su oportunidad en el Círculo de Lectores).

Uribe, uno de nuestros mejores prosistas en activo, confía a la revista Nexos algo de su ars narrativa:

El austrohúngaro Erich Weisz, mejor conocido como el estadunidense Harry Houdini, era un maestro en el arte de meterse en aprietos. “La celda acuática de tortura china” y “El tanque de leche”, sus dos actos más célebres, consistían diversamente en ponerle grilletes en los pies, colgarlo boca abajo, meterlo en una jaula cerrada con llave y sumergirlo hasta el fondo de una pileta llena de agua. Houdini tenía sólo tres minutos para escapar de esa ardua serie de trampas autoimpuestas, o bien morir. Sin el dramatismo ni por fortuna el peligro implícitos en tamaño espectáculo, yo al emprender cada libro, y cada parte de un libro, y cada página de cada parte, me enjaulo en una trama de reglas asumidas por mi propia voluntad. La premisa de mis restricciones deliberadas es que el párrafo debe ser a la prosa lo que la estrofa a la poesía. De ahí se derivan sencillas ordenanzas de composición, al estilo de: no emplear el punto y coma (o sí, según el caso), no repetir ningún verbo ni adverbio ni sustantivo ni sobre todo adjetivo (salvo cuando haga falta), no incluir el término definido en la definición (para respetar un precepto de la filosofía clásica), no repetir el ritmo ni la longitud ni la estructura de las frases sucesivas (aunque en ocasiones puede resultar interesante), no concluir siempre con palabras acentuadas en la misma sílaba (a no ser que se desee destantear al lector perspicaz), no abusar de los paréntesis (como hago ahora) y tantos otros mandamientos parrafales (por lo común negativos, a imagen y semejanza de los diez del Monte Sinaí) cuantos convengan a un texto en particular. Si se trata de una narración, hay que pensar además en el trazo de los personajes, en los límites precisos (o no) al punto de vista del narrador (o de los narradores), etcétera. Borges (otra vuelta Borges) dijo que con la edad había reemplazado las doctrinas estéticas por ciertas mañas literarias. Temo que ya alcancé esa edad. Una de las muchas diferencias esenciales entre mi oficio y el del escapista es que yo no tengo prisa.

Tampoco sé cuántas de mis manías obedecen al hecho atávico de que escribo a mano. Con un bolígrafo de los más corrientes, que en el siglo pasado se llamaban “plumas de a peso”. En hojas sueltas de papel blanco y sin rayas que sólo ennegrezco por una cara. La verdad es que paso mucho más tiempo fantaseando —mientras miro a mi gata ovillada en la musadora o a las hojas inéditas del clóset o a las inalcanzables flores del flamboyán— que escribiendo. La verdad es que sólo empiezo a escapar de mi jaula voluntaria cuando por fin llega el día de transcribir los párrafos a la computadora. La verdad es que me gusta menos escribir que haber escrito. Y entonces, ya fuera del tanque de agua y envuelto en una muda de ropa seca, morosamente corregir

***

Luto en el cine. Esta semana se han marchado el actor Tony Curtis (el de la imagen) y el realizador Arthur Penn. De Curtis rescataría Some like it hot, una de las películas más divertidas en la historia del cine y, en el caso de Arthur Penn, favorecería su trabajo en Bonnie and Clyde.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Nocturnos


Finales anticlimáticos, personajes en tránsito, el ayer como sombra despeñada en el ahora, y sobre todo música y crepúsculo, son algunas de las características en común de las cinco historias recogidas en Nocturnos, el nuevo libro de Kazuo Ishiguro.

En el relato que comparte el título con la obra, el penúltimo, un saxofonista coincide con Lindy Garner, una estrella de variedades (personaje del que ya algo se nos ha dicho en la primera de las historias del libro) en la clínica de un cirujano plástico (en realidad, en el hotel donde se recuperan de la intervención quirúrgica); aún conservan las vendas de la operación y para matar el tedio conversan y protagonizan un episodio divertido.

Cuando son dados de alta, sus vidas ya no se cruzarán; les espera la vuelta a sus asignaturas pendientes. Cada loro a su estaca, como dicen en Colombia. El músico, por ejemplo, alimenta dudas sobre si la relación con su compañera aguanta un segundo aire o ya tocó fin. Habla con ella. No advierte mayor entusiasmo. Razona:

Cuando ya se despedía le dije “Te quiero”, como suele decirse aprisa y por rutina al final de una conversación con la pareja. Se produjo un silencio de varios segundos y entonces ella dijo lo mismo, de la misma forma rutinaria. Entonces colgó. Dios sabe lo que aquello representó para mí. Sospecho que ya no queda nada por hacer, salvo esperar a que me quiten las vendas ¿Y entonces qué? Puede que Lindy tenga razón. Puede que, como dice ella, necesite poner cierta distancia y, desde luego, la vida no se reduce a amar a una persona.

A la hora de urdir tramas, sin atisbo de duda, Ishiguro es un maestro. Leerle resulta tonificante.

martes, 28 de septiembre de 2010

Los hombres que miran a las cabras



Usted ha de perdonar, pero no puedo evitarlo, cuando veo a esos señores, con la llegada de la primavera, apropiadamente vestidos de blancos, subir a la cúspide de la Pirámide del Sol y extender sus brazos al astro rey, me gana la risa.

Con esa imagen en mente me dispuse a ver The men who stare at goats, largometraje debut del director Grant Heslov, cuyo argumento desarolla lo que ocurre cuando la milicia es tomada por fanáticos del new age; cuando la mente y no las armas son el medio para abatir al enemigo.

Se trata, no podria ser de otro modo, de una pelìcula absurda pero divertida. Vale la pena verla simplemente por el reparto: George Clooney, Ewan McGregor, Jeff Bridges, Kevin Spacey... y un hato de cabras

lunes, 27 de septiembre de 2010

El enigma le Carré



Su padre fue un estafador, hubo de crecer con esa vergüenza. De joven colaboró con el servicio de inteligencia británico. Reputado autor de novelas de intriga, John le Carré, platica con El País:

Los Bancos: son en gran parte responsables del blanqueo internacional de dinero. Si yo o usted se presenta en un banco de Londres con una maleta llena de billetes grandes, probablemente llamen directamente a la policía. Ahora, sí el señor Orloff, prominente hombre de negocios de Moscú, lo hace... yo se lo pregunté a dos grandes banqueros de Londres y los dos me contestaron lo mismo: si presenta ciertas credenciales y quinientos millones de libras, no somos policías, si tiene apariencia legal, será legal. En Rusia no existe el dinero limpio. Me fascinan los mecanismos del blanqueo de dinero… La Rochefoucauld decía que la hipocresía es el peaje que el vicio le paga a la virtud

Hoteles Negros: Lo vi en Panamá por primera vez. Era uno propiedad de [el narco] Pablo Escobar. Allí los llaman hoteles de la cocaína. Son enormes, pero nunca nadie pernocta en ellos. Están vacíos. Si llama, le dirán que están completos. Y cada semana sale un camión repleto de dinero supuestamente procedente del acomodo, del casino y de los restaurantes rumbo a un banco para lavarlo convenientemente.

Rusia, estado criminal: Fueron de los zares blancos a los zares rojos y ahora están bajo los zares grises. Es una nación sin ninguna experiencia democrática. Sospechan de ella. Hay dos cosas que unen a los rusos; aman su país, siempre que pasan dos semanas fuera lo añoran terriblemente, y les aterroriza el caos. En nombre del patriotismo puedes conseguir mucho si eres un político. No digamos ya del miedo al caos. El truco para gobernar un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión de las Torres Gemelas o la amenaza chechena. Inventamos los enemigos que necesitamos.

Por último, un escritor, señala le Carré, sólo tiene un enigma… y es su propia vida.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Un flamante diputado



Desde que el PRD respaldara hasta la ignominia los caprichos del mendaz Andrés Manuel López Obrador, ese partido, con habilidad supina, ha conseguido sumar una vergüenza tras otra. De la más reciente da cuenta El Universal:

Julio César Godoy Toscano, considerado la pieza más destacada del proceso contra funcionarios de Michoacán por presuntos nexos con el narcotráfico, burló el cerco montado por la Policía Federal, ingresó al Palacio Legislativo de San Lázaro y rindió protesta como diputado del PRD.

Después de 15 meses prófugo, irrumpió en la sesión y de inmediato el presidente de la Mesa Directiva, Jorge Carlos Ramírez Marín, le tomó protesta.

El nuevo diputado, hermano del gobernador de Michoacán, estaba prófugo desde junio de 2009. Aunque ganó la elección en el primer distrito de Michoacán, una suspensión de sus derechos políticos le impidió tomar protesta en septiembre de ese año.

Informes recabados en San Lázaro refieren que Godoy Toscano había ingresado 48 horas antes de que le tomaran protesta y en ese lapso estuvo resguardado en una oficina de la fracción perredista ubicada en el sótano del edificio B de la Cámara de Diputados
Parapetado en su fuero, el valiente diputado Godoy anunció que, ahora sí, enfrentará todas las acusaciones.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Carlos Boyero, responde



Constantemente me pregunto por qué no tenemos entre nosotros un crítico de cine como don Carlos Boyero (colabora habitualmente para el diario español El País). Su pluma es de una honestidad brutal desconocida por las o bien cortesanas o bien quejosas de nuestro país (como en todo, hay excepciones). Además de la sinceridad se le agradece la inteligencia y el humor.

Fue famosa la escaramuza que protagonizó, en su año, con Pedro Almodóvar al calificar de gilipollez a Los abrazos rotos. Quedó claro que a don Carlos no lo arredran las instituciones.

Suscribo muchas de sus afirmaciones; por ejemplo, sostengo junto con él que mucho de lo mejor por ver no está ya en el cine sino en la televisión. Nunca agradeceremos lo suficiente a HBO dos monumentales banquetes: Los Sopranos y The Wire. (Cuando en una navidad futura me obsequien de regalo esas series completas, llenaré los mares con mi llanto.)

Boyero ha rebasado el status de crítico de cine: es todo un personaje. Sus ocasionales charlas cibernéticas con los lectores de su periódico son una delicia, para muestra:

¿Qué tal por San Sebastián? ¿Mejor o peor que en Venecia? (A propósito de los festivales de cine de los que esas ciudades son sede)

Es imposible hacerlo peor que Venecia, pero lo que veo aquí tampoco invita a lanzar cohetes. Dentro de la Sección Oficial, que es la que me toca ver por obligación, solo me ha interesado "El gran Vázquez" y "Pan negro". A cambio de eso, estoy tragándome cosas ante las que no me quedan adjetivos despreciativos e insultos para intentar definirlas. Fuera de ella, he visto un documental extraordinario sobre el alzhéimer que sufre Pasqual Maragall. Además, me han cambiado de hotel después de 25 años, llevo varios días con el estómago hecho una mierda. ¿Tengo que añadir algo más sobre mi estado de ánimo en este Festival de San Sebastián?
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Usted pone a parir a mucho director de festival. ¿No teme que le nieguen la credencial en alguno de ellos?

Me harían un favor excesivamente grande. Le juro que mi interés hacia ellos es nulo. Tampoco soy masoquista. El mayor placer de los festivales era cenar con los amigos. De aquel grupo, solo quedamos Oti Rodríguez Marchante y yo. Y sientes añoranza de los viejos tiempos. En algunos festivales, como el de Venecia, los horarios de programación no te permiten ni comer ni cenar. Estoy demasiado viejo para estas torturas.
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Cuéntenos algo de Julia Roberts. ¿Es tan guapa como parece? ¿Tiene magnetismo?

Es muy fea, no tiene ningún magnetismo, pasaría inadvertida en cualquier sitio. ¿Qué quiere que le conteste? Hay cosas demasiado obvias. ¿A usted le parece un cazo esta señora? Su última película es una gilipollez importante. Teniendo en cuenta que una estrella de su clase puede elegir los guiones y los directores que le de la gana, me parece lamentable que haga tanto cine infame. ¿Qué ocurrirá con ella cuando se le acabe esa impresionante belleza? No me preocupa demasiado. Imagino que ni sus biznietos ni sus tataranietos pasarán hambre
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¿Te leíste "La hoguera de las vanidades", de Tom Wolfe? A mí me marcó bastante, y no te he escuchado hablar sobre él. Un abrazo

Es una novela excelente. También "Todo un hombre", que fue la segunda que escribió. La tercera baja un poco. Pero aún prefiero los reportajes de Tom Wolfe, incluído esa maravilla titulada "Lo que hay que tener". Su escritura me produce tanta admiración como asco su jeta y sus opiniones sobre las personas y las cosas
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Carlos, ¡tu vives de esto o tienes algún negocio?

Tengo inmobiliarias, bancos, prostíbulos, cosas así. Trabajo en esto exclusivamente por placer, porque no puedo vivir sin ustedes.
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Encontré ayer en mi coche el siguiente mensaje: "Hola, mi nombre es Paco. Accidentalmente he golpeado tu coche y alguien me ha visto. Así que finjo apuntar mis datos y dejártelos en el parabrisas. Lo siento". ¿Algún consejo, estimado Carlos? ¿Tú qué harías?

Dedicaría parte de mi existencia a encontrar al cínico Paco y ver cuánta cantidad de dolor puede aguantar un ser humano. Intentaría, por supuesto, que no se enterara nadie de quién había sido el castrador de Paco. Pero si me enchironaran un tiempo, también habría valido la pena

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Chloe



La de la foto, por si acaso no la reconocen, es la actriz norteamericana Julianne Moore. Bueno, lo primero que hay que decir es que no siempre luce así; la cuidada imagen forma parte de su trabajo como modelo de Bvlgari. Lo segundo, y meollo de esta ocasión, es comentar algo sobre Chloe; película del realizador Atom Egoyan.

Un matrimonio bien avenido (Julianne Moore y Liam Neeson) se tambalea cuando ella sospecha que la conducta de él ha dejado de ser modélica. Es entonces cuando las líneas convergen con el tercer vértice del triángulo, una prostituta llamada Chloe (Amanda Seyfried), contratada por la apesadumbrada esposa para seducir a su marido; si éste muerde el anzuelo, su duda mudará en certeza.

Chloe, para asombro del espectador, resultará sumamente talentosa tanto para las situaciones de alcoba como para edificar una mentira.

La película responde a las exigencias del thriller erótico, pero acaso lo más inquietante es que fija la atención en una característica del hombre en virtud de la cual las artes son posibles: su necesidad de recrear la realidad (o la irrealidad) por intermediación de un tercero.

martes, 21 de septiembre de 2010

Félix de Azúa, sostiene:



Procuro ver nuestros noticieros culturales (el que más sintonizo es Noticias 22, conducido por Laura Barrera), advierto que en ellos se abusa de las entrevistas y de las participaciones, vía e-mail o twitter, de televidentes ávidos por comentarlo todo.

Se ha caído en el engaño de creer qué todos tienen algo interesante que decir. Los más divertidos son los soliloquios de bailarines y artistas plásticos. Son buenísimos para verbalizar sobre la nada. Resulta que esos tres brincos, y un arabesco, representan una crítica a la sociedad de consumo; y aquellos trazos en tonos malva y solferino son una diatriba contra el gobierno espurio. A estos señores, salvo contadas excepciones, se le agradecerían dos cosas: que ejecuten su tarea… y cierren el pico.

¿De dónde viene esa manía por leer cuanto comentario emite el televidente, radioescucha o lector, sin mediar criba alguna? En este Blog he recibido, a lo largo de su corta vida, un par de insultos (obvio, quienes los largan, educados en el arte de tirar la piedra y ocultar la mano, omiten firmarlos con su nombre). Ni los publiqué ni les dí respuesta; por una sencilla razón ¿qué se le puede contestar a quien se esconde bajo las enaguas del anonimato?

Una autoridad demuestra que las fiestas del Bicentenario fueron costosas y vanas, por decir algo; de inmediato, el sr. Emérito Menchaca de la Voluntad y Trabajo comenta “Estoy de acuerdo”; en seguida, la sra. Agustina Galván, del Sector Aduana: “Que no está de acuerdo”. Finalmente la lectura de un twitter de soltero69: “Ke ya la dio weba y ke mejor le expliquen de ke se rie la barbi”.

Las entrevistas y los comentarios fatales no respetan medio de comunicación. Es así que leemos una declaración de un ensotanado señor, de nombre Pésimo (¿u Onésimo?), “El estado laico es una jalada”. No se hace esperar la respuesta de hazpatriamataunchilango: “que enrolle su discurso y se lo meta por el orto, así le será de provecho”. Desafortunadas: la declaración y su réplica. ¿Hacia dónde avanzamos entre tanta mierda?

Ocurre lo mismo en los pocos suplementos culturales sobrevivientes. Ríos de opiniones donde las palabras se igualan a la nada. Pero, para regocijo nuestro, no siempre es así.

Todo este largo rodeo para llegar a donde quería. He leído una entrevista (publicada por el suplemento Laberinto, de Milenio) en donde el escritor catalán Félix de Azúa, en un ejemplo mayúsculo del ejercicio de reflexión y claridad expositiva, sostiene:

La realidad y su representación: En el inicio del libro (Habla de su última obra, Autobiografía sin vida) están las cabezas de caballos de Chauvet (se refiere a las pinturas rupestres de los caballos de las cuevas de Chauvet-Pont d’Arc), cuando las vi inmediatamente pensé: las debieron ver los niños que nacían y crecían en el interior de aquellas cuevas; me imaginaba aquellas oscuridades iluminadas por el fuego, los resplandores, y me preguntaba: cuando aquellos niños salían de las cuevas y se cruzaban con los caballos, ¿cuáles consideraban que eran los verdaderos, los que estaban viendo en ese momento o los pintados en las cuevas? ¿Cuáles fueron las imágenes que yo vi y me determinaron sin que yo lo supiera? ¿Qué imágenes fueron aquellas que luego me hicieron comprender la vida tal y como la he comprendido?

Los Partidos Políticos: los partidos no son organizaciones políticas, sino empresas económicas, y no se puede decir que la política es lo que hacen los partidos, la política la hacemos usted y yo, los ciudadanos, los partidos no hacen política, hacen negocio.

Goya y el horror: En Goya se da ese primer paso interesantísimo hacia la representación inmediata del horror. El arte anterior no lo representaba. Delacroix, por ejemplo, tiene un cuadro que es la representación de una matanza, se llama La masacre de Quíos, una ciudad en la que entraron los turcos y mataron a todo el mundo: veinte mil cadáveres, pero la representación de Delacroix no produce ningún horror, es muy hermosa. Goya es el primero que introduce el horror dentro de la representación, pero ojo que esto es arte y en el arte el horror puede estar presente, pero ha de estar siempre en forma afirmativa, que no deprima, que no sea una foto de Auschwitz, que te hace odiar al género humano.

Los escritores coptados por el poder: la mayor parte de los poetas utilizados por el poder no son poetas, son simulacros, imitaciones. Un poeta no se deja utilizar. Mejor dicho, a lo mejor querría ser utilizado el pobre, aunque sólo fuera para comer caliente, pero es imposible utilizar un poeta. Los poetas te meten en unos líos horrorosos. Tú llevas a un poeta a ponerle una condecoración y te puede llegar hecho un asco, ponerse a gritar, querer pellizcarle el culo a la ministra, los poetas son imposibles.

Yo mismo he incurrido en el pecado de proferir boberías. Recuerdo, para vergüenza mía, una entrevista que concedí en la que jugaba a ser Santa Claus. Como sospecho que pudiera reincidir, ya tengo una respuesta preparada para cuando me asalten con semejante vaina: “Vaya usted y pregúntele a don Félix de Azúa, seguramente el sí tendrá algo interesante que decir”.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Siglo de Caudillos



En el siglo que va de 1810 a 1910 tuvieron lugar tres procesos relevantes en la historia nacional: Independencia, Reforma y Revolución.

Ese periodo, para bien y para mal, fue hijo de los vicios y virtudes de los caudillos que lo protagonizaron. No es incorrecto, por tanto, calificar como Siglo de Caudillos a esa centuria mexicana.

Siglo de Caudillos (VI Premio Comillas) fue el libro que consolidó la buena fama del historiador Enrique Krauze. En él ensaya una suerte de biografía colectiva iniciando con la del cura Hidalgo y finalizando con Porfirio Díaz. (De los hombres de la revolución, concretamente, se había ocupado en otro de sus libros, Biografía del Poder.)

En Krauze se aúna el rigor intelectual y el talento empresarial. Prueba de esto último son las empresas culturales que ha animado, por citar dos, la editorial Clío y la revista Letras Libres, heredera del espíritu liberal de Vuelta, de Octavio Paz.

En el marco del Bicentenario, con la lectura de Siglo de Caudillos retomamos las actividades de El Círculo de Lectores. La cita es para el próximo sábado 25 de septiembre, a eso de las 11 am, en la calle Malincheños 27, Recidencial Viveros, domicilio de la sra. Judith Moreno (mayores informes al teléfono: 714 44 85).

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pecados de mi padre



La vida de Pablo Escobar, el famoso narcotraficante colombiano, fue faraónica: En una de sus fincas montó un zoológico: compró elefantes, fieras, aves exóticas… Regaló millares de casas a familias pobres antioqueñas. Incursionó en la política, tuvo curul en el parlamento y soñó con ser el primer mandatario de su país.

Finalmente, como corresponde a un delincuente, terminó perseguido, escondiéndose como una rata antes de morir acribillado un día de 1993.

Al enterarse de la noticia, su hijo, de entonces 15 años, juró públicamente vengar su muerte. Al poco, se retractó. A sus escasos años comprendió que adentrarse en la espiral de violencia inherente a toda venganza muy poco ayudaría al bienestar propio y al de su familia (su madre y su hermana).

El hijo de Escobar abandonó Colombia, cambió su nombre por el de Sebastián Marroquín y desde hace algunos años vive en Buenos Aires (en compañía de su madre) donde trabaja como diseñador de interiores.

Ignoro en qué momento Sebastián Marroquín conoció al realizador argentino Nicolás Entel pero fue afortunado ese encuentro; de él nacería uno de los más conmovedores documentales que recuerde haber visto: Pecados de mi Padre.

En ese trabajo Sebastián Marroquín desnuda su alma. No pretende justificar los crímenes de su padre, sabe que fueron inexcusables. Pretende y lleva a cabo algo más noble: pide perdón personalmente a los descendientes de dos de los políticos victimizados por su padre.

El hijo de Escobar se expresa correctamente y su discurso suele ser inteligente y emotivo. Es un buen hombre que ha tomado decisiones capitales: renunció al mundo del narcotráfico y denunció públicamente que esa vía no conduce a ninguna parte (sino al dolor propio y ajeno).

Por su ejemplar valentía, Sebastián Marroquín se ha ganado a pulso un lugar entre los hombres libres, a pesar de los pecados de su padre.

Ahora, cuando tanto se habla de la colombianización de México, la exhibición de este documental se torna dramáticamente oportuna. Corran a verlo, antes de que sea retirado de la cartelera local.

El discurso de José María Iglesias



El 16 de septiembre de 1847 ondeó en Palacio Nacional, no el lábaro patrio sino la bandera de las barras y las estrellas; consecuencia de la invasión norteamericana.

Un año más tarde, apoyándose en Dante, Nessun maggior dolore/ che ricordasi del tempo felice/ ne la miseria, José María Iglesias, a la postre uno de los hombres de la Reforma, se lamentaba:

¿Qué responderíamos satisfactoriamente a los héroes de la independencia si volvieran a la vida por un momento para llamarnos a juicio? Ellos nos dejaron un territorio vastísimo, y nosotros le hemos cercenado la mitad: ellos nos dejaron abiertas las fuentes de riqueza inagotables, y nosotros arrastramos ya una existencia envilecida (…) sólo veo faltas y desgracias en lo pasado, faltas y desgracias en lo presente, faltas y desgracias en el porvenir…

A la manera de los mejores críticos, Iglesias no sólo describe el túnel; imagina la salida:

Regeneración, mexicanos, regeneración completa y absoluta en vuestras costumbres… Estamos ya en la orilla del abismo: un paso más y nos precipitaremos en la sima horrorosa de nuestra destrucción.

En esta hora, ¿cuál la resonancia de esas palabras? ¿cuál la vigencia de ese discurso?

lunes, 13 de septiembre de 2010

Agua de Tabasco



Ayer fui invitado por un programa de la radio local para hablar sobre mi estado natal: Tabasco. Lo primero que dije fue que, dada la cantidad de recursos hidrológicos del suelo tabasqueño, hablar de mi tierra era hablar de mi agua.

Recordé en ese espacio que una de nuestras mayores glorias literarias, el poeta Carlos Pellicer, escribió unos versos que aprendí cuando cursaba educación primaria y jamás podré olvidarlos:

Agua de Tabasco vengo
y agua de Tabasco voy.
De agua hermosa es mi abolengo;
y es por eso que aquí estoy
dichoso con lo que tengo.

Cuando dios nos da un don: nos da un látigo, sospechaba Truman Capote. La misma agua que ha contribuido a embellecer a mi estado, justamente motejado como El Edén, también nos ahoga, inunda y diezma.

El que las afectaciones continúen presentándose algo nos dice del fracaso del Plan Hídrico. Pero no me cabe duda de que mi patria chica encontrará el modo de sobreponerse a las adversidades, pues es un pueblo ejemplar como ninguno.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Tamaulipas, El Grito



Desde hace días se sabía que Ciudad Juárez, Chihuahua, cancelaría este año la ceremonia del Grito. El motivo es de todos conocido, a menos que se viva en Finlandia: las autoridades de ese importante municipio fronterizo han sido rebazadas por el crimen organizado. Leo en una nota de El Universal que algunos municipios tamaulipecos harán lo propio.

Dos asuntos:

1.- Si no existen las condiciones necesarias para garantizar la seguridad de los asistentes, es una irresponsabilidad convocar a este tipo de eventos.

2.- Soy de los que consideran que nada hay de malo en sentirnos orgullosos de nuestra mexicanidad. Recelo de cualquier tipo de concentración, por ello tradicionalmente no acudo a plazas o zócalos los 15 de septiembre. Pero en privado, con amigos y familiares, no veo por qué no, animados con un buen tequila, gritar ¡VIVA MÉXICO!
No podemos permitir, ni ahora ni nunca, que una pandilla nos robe la alegría.

jueves, 9 de septiembre de 2010

3


Las razones para ser feliz abruman de tan cotidianas. De anoche a este momento me han visitado tres:

1.- Apenas ayer confesaba mi gusto por las películas de vaqueros, y por la noche, en eso que sólo algunos idiotas continúan llamando “la caja idiota”, me sorprendió un western realizado en 1958, The Big Country, por William Wyler; para quien crea ignorar quién es este señor baste decir que entre las joyas de su orfebrería se cuentan: Roman Holiday, Funny Girl, Ben-Hur… En The Big Country se narra la historia una familia malquistada con otra, ambas dedicadas a la ganadería; la manzana de la discordia es una gran extensión de tierra bendecida con el paso de un río (no hay que pensarle mucho: en el río abrevan las reses). El nuevo dueño de esa tierra en disputa (interpretado por Gregory Peck) dará a esos rústicos clanes una lección de honorabilidad. ¡Si tan sólo tuviésemos un poco de la grandeza del personaje de Gregory Peck, si tan sólo un poco!

2.- Esta madrugada, con el primer café, la lectura de Nocturnos, de Kazuo Ishiguro; acompañándola musicalmente con un tema de Miles Davies: I fall in love too easily.

3.- Hace apenas unos minutos, abrir mi correspondencia de e-mail y dar con una cita atribuida a George Burns: “Me encanta cantar y me encanta tomar whisky. La mayoría de las personas prefieren escucharme tomar whisky.”

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una de vaqueros



Ante las incesantes fruslerías del verano, soy de los que prefieren pertrecharse en casa y sintonizar canales que exhiben las así llamadas películas clásicas. Por ejemplo, tengo para mí que el cine de Billy Wilder es superior al de cualquiera de esta hora.

A quien se quiera ahorrar, por decir algo, la última masturbación mental de Robert Rodríguez, lo invito a que pruebe con una de vaqueros.

Lo siguiente se lo leí a Catón:

En 1853 había en las planicies de América del Norte 60 millones de búfalos. Después de 30 años quedaban sólo 3 mil. El hombre blanco hizo una bárbara matanza de esos hermosos animales. Los masacró para ganar dinero, sí -2 dólares por cada piel; 50 centavos cada lengua-, pero sobre todo como política oficial para aniquilar el principal medio de subsistencia del piel roja, y de ese modo acabar también con él. Ahora, sin embargo, el bisonte americano es objeto de cuidados para evitar su desaparición, y la cultura de los pueblos nativos se estudia con respeto. ¿Dónde aprendí eso? En una película del Oeste, claro. Siempre he creído que en la lectura y en el cine se aprende más que en las escuelas. La película que digo es inquietante. Se llama "The Last Hunt", de Richard Brooks, y en ella aparece Robert Taylor en un papel insólito, de villano, con Debra Paget y el inglés Stewart Granger, cuyo nombre real, dicho sea entre paréntesis, era James Stewart. Soy gran aficionado a las películas llamadas de vaqueros. En ocasiones me desvelo viendo uno de esos viejos filmes en la televisión. Para justificar tan inofensivo gusto no necesito recurrir a Borges, quien consideraba que los westerns son la única forma de literatura épica que sobrevive aún. Épicos son, en efecto, aquellos prodigios del cine que se llaman "Duel in the Sun", de King Vidor; "Red River", de Howard Hawks; "Winchester '73", de Anthony Mann; "High Noon" ("La hora señalada"), de Fred Zinnemann; "3.10 to Yuma", de Delmer Daves; "Shane", de George Stevens, hasta llegar a "Dance with Wolves", de Kevin Costner, para no mencionar la obra seminal del género, "Stagecoach" ("La Diligencia"), de John Ford. Rituales, igual que el teatro kabuki, esas películas están sujetas a un canon. No se someten a la realidad: la imagen que proyectan de la vida en el oeste americano está muy lejos de ser verdadera. En otros años, cuando queríamos significar que algo era mentira, decíamos: "Mejor cuéntame una de vaqueros". Pero las películas de vaqueros, tanto las más elementales como las más complejas, se basan siempre en un hondo ideal humano: el triunfo del bien sobre el mal. En estos sombríos tiempos que vivimos, cuando la oscuridad parece dominar sobre la luz, ver una buena película del oeste es una humilde forma -candorosa quizá, pero efectiva- de mantener aunque sea un resplandor pequeño de esperanza. Si por el miedo que nos invade renunciamos a la fe, con ella lo perderemos todo. Sitiados como estamos por la inseguridad, no olvidemos que, pese a todas las evidencias en contrario, el mal nunca prevalece sobre el bien. Aunque parezca ingenuidad decirlo, al final siempre acaban por triunfar los buenos. ¿Dónde aprendí eso? No en la Historia, que en el fondo es tan mentirosa, sino en las películas de vaqueros, que en el fondo son tan verdaderas...
A la lista de Catón añadiría Los imperdonables, de Clint Eastwood, no sólo una destacada pieza del western sino una de las mejores películas en la historia del cine.

martes, 7 de septiembre de 2010

Perorata del apestado



Me dio por maliciar que fue el título de la novela lo que encandiló a mi amigo Antonio Sarabia. Lo cierto es que desde que supo de Perorata del apestado, de Gesualdo Bufalino, la buscó por cielo mar y tierra.

Luego de un viaje a la capital del país, y con el ánimo exangüe, fatigó librerías de viejo como ultima ratio. Venturosamente, dio con la obra y al poco la puso en mis manos, “debes leerla, me ha hecho llorar.”

Una perorata es un discurso previsible, largo y aburrido; piénsese en los emitidos por Fidel Castro o Hugo Chávez.

Lo de “apestado” se explica a poco de iniciar la lectura. La trama es esta: En un sanatorio para tuberculosos, supervivientes de la segunda guerra mundial, incurables de ese mal, pelean entre ellos y, sobremanera, desgranan palabras, palabras, palabras.

Temo no equivocarme si digo que esta novela se disfruta como quien devora un poema. Esa, su máxima virtud, es también su mayor escollo: el lector desprevenido, ajeno al trato con gigantes, puede dar la espalda al torrente de Bufalino y huir.

Aún comienzo su lectura. En el capítulo titulado, sugerentemente, “Los muchachos de la mucha muerte” el narrador recapitula algunos fallecimientos:

Angelo afirmaba que la muerte es un biombo de humo entre los vivos y los otros. Basta introducir en él las manos para pasar al otro lado y encontrar los solidarios dedos de quien nos ama. Siempre que se dejen pistas, huellas, menudencias que conserven nuestro olor. Fue tal vez esta idea la que le impulsó a confiar a una monja un fajo de cartas ficticias, para enviar una dos veces por año. En ellas contaba la futura novela de sí mismo, se jactaba de paternidades, empleos, éxitos; anunciaba banales indisposiciones que en el episodio posterior aparecían ya curadas y remotas. Su madre –nos explicaba- viviría así más tiempo, esperando en cada fecha el mensaje postizo en el que se prolongaba indefinidamente el eco de la querida voz desaparecida. Sería para ella como tener un hijo en ultramar, en Sao Paulo, en Little Italy. Ella murió inmediatamente después de él, sin embargo, y sor Tarsicia, si no ha llegado a saberlo, sigue enviando sin duda estas ofrendas fúnebres de un muerto a una muerta, que ningún cartero podrá jamás devolver al remitente…

Sebastiano se mató sin dejar una línea, arrojándose por el hueco de una escalera, y me había dicho inexplicablemente una mañana, con una risa sin luz:

-Cuando me roban todo, quiero sin embargo regalar algo.

Es la suya, en mi álbum de cruces, la que todavía sigue doliendo…

lunes, 6 de septiembre de 2010

Mexicanísimo




Poco se me da andar de azotacalles pero este fin de semana recorrí la Macroplaza de Monterrey. Comencé en Museo de Historia de México y terminé en MARCO. Al primero de los museos no entré pues en esta ocasión mi interés era sólo admirar la monumental escultura La Lagartera (imagen superior), de Francisco Toledo, instalada en la fuente que da la bienvenida a ese lugar. Me parece que en este caso el artista inició la obra; el agua y el tiempo la continuarán.

MARCO expone, bajo el título de Mexicanísimo, algo de su colección. Es una buena oportunidad para apreciar los derroteros del arte mexicano en la década finisecular y en los albores del nuevo milenio. La exposición contempla obras, entre otros, de Gelsen Gas, Javier Marín, Rodolfo Morales y, no podía faltar, Julio Galán (imagen inferior).

***
Invitación a la Historia. Víctor Manuel Barceló en su artículo de esta semana se suma a los valedores de la Historia como fuente de conocimiento. Además de las reflexiones propias, Barceló convoca las cavilaciones de autores clásicos. Sin embargo, no consigna, tampoco tenía por qué hacerlo, una frase que de tan llevada y traída ha mudado en lugar común; la mayoría de quienes la citan ignoran el nombre del autor, mi admirado George Santayana. Y la frase es: “Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Ese conocimiento del pasado probablemente acabé en desilusión pero no se rebaje a lágrima o reproche, el mismo Santayana advierte: “La sabiduría llega con las desilusiones”.

viernes, 3 de septiembre de 2010

De otros diluvios

Leyendo a Nicanor Parra:

... mientras la bailarina más grande del mundo
Muere pobre y abandonada en una pequeña aldea al sur de Francia
La primavera devuelve al hombre una parte de las flores desaparecidas.
...
Por todo lo cual
Cultivo un piojo en mi corbata
Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.
... he pensado en Ungaretti: "D´altri diluvi una colomba ascolto" (De otros diluvios, escucho una paloma)


***
Adiós, Germán! Ayer falleció don Germán Dehesa; en vida combinó el valor, la inteligencia, el humor y la decencia. Lamento profundamente la muerte de este buen hombre. Los mejores lectores, creía Germán, siempre terminan leyendo poesía. ¿Cómo no reconocerme en él? Retomando a Nicanor Parra:

...la vida no es más que una quimera
una ilusión, un sueño sin orillas
una pequeña nube pasajera
Es viernes, y hoy toca.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Los restos del día



El mayordomo es patrimonio inglés, los demás países deben conformarse con servidumbre. Los restos del día, de Kazuo Ishiguro, cuenta la historia de uno de ellos.

En 1956, Stevens, mayordomo por años en Darlington Hall, emprende un viaje por la campiña inglesa hasta Cornualles para reencontrase con miss Kenton; antigua ama de llave bajo sus órdenes a quien pretende reclutar para el servicio de su nuevo patrón, un norteamericano acaudalado. Sin embargo, el eje de los recuerdos de Stevens es su antiguo patrón, Lord Darlington, a quien prodigó lealtad sin límites incluso luego del desdoro de su fama pública por sus simpatías con la Alemania Nazi.

Esta novela me parece perfecta. Abunda en reflexiones y en narraciones sorprendentes, como la siguiente:
Al parecer, era una historia verídica sobre un mayordomo que había viajado con su señor a la India, donde le sirvió durante muchos años manteniendo entre el personal nativo el mismo nivel de perfección que había sabido imponer en Inglaterra. Una tarde, como era habitual, nuestro hombre entró en el comedor para asegurarse de que todo estaba listo para la cena, y descubrió que debajo de la mesa había un tigre moribundo. El mayordomo abandonó en silencio el comedor, se aseguró de cerrar bien la puerta y se dirigió sin prisas al salón en el que su señor tomaba el té con algunos invitados. Tosiendo educadamente, llamó la atención de su patrón y, acto seguido, acercándosele al oído susurró:

-Discúlpeme, señor, pero creo que hay un tigre en el comedor. ¿Me permite que utilice el rifle?

Y según dicen, unos minutos después, el patrón y sus invitados oyeron tres disparos; cuando algo más tarde el mayordomo volvió a aparecer en el salón para rellenar las teteras, el dueño de la casa le preguntó si todo estaba en orden.

-Perfectamente, señor. Gracias –fue la respuesta-. La cena será servida a la hora habitual, y me complace decirle que no quedará huella alguna de lo ocurrido.

Más adelante, cuando Stevens reflexiona sobre la importancia de la lealtad, asunto asaz revelante en su oficio, nos topamos con:
… yo sería el último en abogar por que un mayordomo jurase lealtad ciega al primer caballero o a la primera dama que les diese trabajo. No obstante, si un mayordomo espera ser alguien, llega un día en que debe cejar en su búsqueda, un día en que debe decirse: “Este patrón encarna todo lo que considero noble y admirable. A partir de ahora, me dedicaré a servirle.” Así se jura lealtad de un modo inteligente.

A la luz de nuestros días, en los que resulta indiferente el comportamiento de una chacha al de, por decir algo, una diputada, intentar comprender la dignidad y el ánimo impertérrito de aquellos mayordomos ingleses constituye un empeño baldío.

***
Para Raúl Robledo: caro amigo, las líneas anteriores son para ti, por el cariño que le tienes a esa historia. Y algo más, la frase es de Lincoln: “A partir de los 40 el hombre es responsable de su rostro”.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los valores de ahora




En entrevista para El País mi admirado Alberto Manguel habla de su nuevo libro y examina los tiempos que corren:
Vivimos en una época en la que valores como brevedad, superficialidad, rapidez y simpleza son absolutos. Nunca lo habían sido. Los valores que desarrollaron nuestra sociedad fueron los de la dificultad (para aprender a sobrellevar los problemas), la lentitud (para reflexionar y no actuar impulsivamente) y la profundidad (para saber adentrarse en un problema).
***
El asunto de la adopción: Otro de los argumentos esgrimidos en contra de la adopción de niños por parejas homosexuales va en el sentido de que estos no darían al menor una “buena educación”. Guillermo Fadanelli refuta esa especie: “si sólo bastara que los padres fueran heterosexuales para dar a los menores una buena educación, la sociedad mexicana no estaría en el estado lamentable en el que se encuentra.”

viernes, 27 de agosto de 2010

Plegaria de los huérfanos



Puede que la canalla no advierta la ironía del poema de Fernando del Paso publicado por La Jornada en días pasados en el marco de la querella de algunos prelados de la iglesia católica opositores a la legalización de la adopción de menores por parejas homosexuales. Leamos:

Plegaria de los huérfanos
Nosotros, Señor, los niños huérfanos y las niñas huérfanas de México te rogamos:
Déjanos gozar la plenitud de nuestra orfandad.
Nuestros padres murieron porque fue tu Voluntad. Nuestros padres nos abandonaron porque fue tu Voluntad. Porque Tú así lo quisiste, nuestras madres fueron violadas por desconocidos a los que nunca volvieron a ver, y ellas nos arrojaron a un basurero o nos dejaron a las puertas de un Templo.
Déjanos, Señor, honrar tu Divina Voluntad.
Es nuestro privilegio.
No nos entregues a la adopción de parejas del mismo sexo. Por mucho amor que piensen darnos.
Por mucho amor que, de verdad, nos den.
Preferimos el desamor del abandono.
Preferimos el desamor de la indiferencia.
Es nuestro privilegio.
Preferimos, a tener dos padres amorosos o dos madres amorosas, vivir como vinimos a este mundo: sin un solo padre, sin una sola madre. Preferimos, a tener el amor toda la vida de dos hombres o dos mujeres de buenas intenciones y buena alma, no tener el amor de nadie desde siempre y para siempre.
Preferimos el desamor de la orfandad.
Déjanos, Señor, la libertad de vivir como huérfanos en un orfanatorio. De vestir como huérfanos, el uniforme del orfanatorio. De comer, como huérfanos, la miserable comida del orfanatorio. De dormir, como huérfanos, en los multitudinarios dormitorios de los orfanatorios. Déjanos, Señor, que cuando lleguemos a los albores de nuestra adolescencia nos echen a la calle, como a todos los huérfanos, del orfanatorio.
Es nuestro privilegio.
Así honramos tu Divina Voluntad.
Déjanos, Señor, quedarnos sin estudios, crecer sin moral y sin religión, sin nadie a quien aprendamos a amar, sin nadie que nos enseñe a amarte.
Déjanos ser niños de la calle, hombres de la calle, mujeres de la calle.
Déjanos disfrazarnos de payasos y malabaristas para malganarnos la vida en las esquinas.
Déjanos ser franeleros toda la vida. Déjanos ser mendigos.
Es nuestro privilegio.
Déjanos dedicarnos a limpiar los parabrisas de los automóviles.
Déjanos ser presa fácil del crimen y de la droga, del alcohol.
Déjanos ser criminales. Déjanos ser ladrones y narcos.
Déjanos caer muertos a los veinte años de una sobredosis.
Déjanos morir de hambre en un callejón, déjanos ser asesinados en la flor de nuestra juventud.
Déjanos vivir parte de nuestra orfandad en las cárceles.
Es nuestro privilegio.
Danos la oportunidad, como se la diste a nuestros padres biológicos, de fundar hogares que podamos destruir para poder tener hijos que, con su orfandad, sean el espejo de la orfandad de sus padres y de sus madres, de su crueldad, de su irresponsabilidad, de su desapego.
Déjanos, Señor, prostituirnos a los doce, a los trece, a los catorce años.
Déjanos, Señor, ser las putitas y los putitos de los proxenetas.
Déjanos, Señor, ser pasto de los pederastas en las escuelas, en tus templos.
Pero no nos des por guía a dos mujeres, o a dos hombres, aunque todos sean, como nosotros, tus hijos, y todos, como nosotros, seres humanos. Por mucho amor que nos prometan. Por mucho amor que nos tengan. Y así nos colmen con alegrías y comprensión. Así nos dignifiquen como pobres criaturas de Dios y por mucho amor que tengan a ti mismo. No merecen nuestro amor recíproco porque no merecen, siquiera, el tuyo.
Preferimos el desamor de la ausencia. Preferimos el desamor del olvido.
Pero si es tu Divina Voluntad, Señor, darnos un hogar y arrancarnos así el privilegio de no haberlo tenido, Señor, haz que las buenas familias cristianas de México que ya tienen hijos, nos adopten; haz que todas las parejas sin hijos de México, nos adopten. A todos, Señor. Cualquiera sea el color de nuestra piel. Así seamos blancos o indios, negros. Así estemos ciegos, o cojos, o mudos. Tú, si te lo propones, Señor, puedes hacerlo.
Diles a esas buenas familias cristianas que así aliviarán sus conciencias: evitándonos ser adoptados por parejas del mismo sexo.
No nos des dos padres o dos madres, Señor. Tú nos diste el frío de la ciudad y el silencio de la noche: los preferimos al calor de sus hogares y a la dulzura de sus palabras.
Y si nada de esto puedes hacer porque no lo quieres hacer, porque tu Divina y misteriosa e inescrutable Divina Voluntad se impone a tu Divina Omnipotencia, Señor, déjanos tranquilos.
Déjanos, así como nacimos parias, ser parias toda la vida para salvaguardar tu Voluntad. Déjanos crecer desprotegidos en el desamor de la intemperie, en la periferia de la sociedad, en el vacío del rechazo y el desdén.
Déjanos Tú, tú, el Señor sin cuya voluntad no se mueve la hoja de un árbol, déjanos, Señor, que como hojas nos arrastre el viento de la soledad y la derelicción.
Es nuestro privilegio: somos los privilegiados de la Tierra porque sabemos que, gracias a tu infinita Misericordia, le has prometido, a aquellos que en esta vida habitan un infierno, que en la otra vida serán ciudadanos del Reino de los Cielos.
Gracias, Señor.
Fernando del Paso

Sólo me resta rematar esta monumental ironía: Amen.

martes, 24 de agosto de 2010

Baniano



El baniano, nos explica Elsa Cross, "es un árbol sagrado y los poetas hindúes hablan con mucha frecuencia de él: por un lado aluden a las raíces que brotan de las ramas más altas y bajan hasta encajarse en la tierra, volviendo a su origen. Por otro lado, hablan de la semilla pequeñísima en que está contenido potencialmente ese árbol tan enorme, tal como en el espacio más secreto del corazón de cada ser humano está contenido el universo entero".

Al amparo de la fresca y serena sombra que proyectan los versos de Elsa Cross, ella misma un baniano, descanso, me solazo:

...
Yo soy tu siervo, tu eres mi Señor.
Deja que exista aún esta diferencia
entre lo alto y lo bajo. El agua no
puede beberse a sí misma... Sólo de
la diferencia nace el placer.

Ah, que la lluvia te lleve
este mínimo rumor,
pues del fragor que alcanza el corazón
bien poco se nos da
por las palabras.
...

lunes, 23 de agosto de 2010

Engaño



Dos adúlteros en su escondite. El enunciado anterior resume la trama de Engaño, novela de Philip Roth.

Siempre que leo una obra de este escritor norteamericano me embarga un repetido déja vu. En esta, como en otras historias suyas, hay un escritor judío y hay una mujer bella y talentosa pero no a la altura del genio del primero; y hay reflexiones múltiples sobre asuntos que uno juzga naturales al autor. (Philip Roth, y tal vez por ello me guste leerlo, sabe que no todo es garabatear sino que la escritura debe estar preñada de pensamiento.)

Uno se aventura a un libro de Philip Roth como quien apuesta por un film de Woody Allen: Más o menos ya se sospecha lo que se encontrará pero eso no importa. O dicho de otro modo, precisamente eso es lo que importa.

Engaño esta construida a través de conversaciones (la narración se da como consecuencia de la plática), lo que los infieles se dicen antes, durante y después del coito; con una franqueza y naturalidad que por momentos perturba (como la traducción al castellano se realizó pensando en el mercado de España, el lector habrá de resignarse a expresiones del tipo “su mano en mi polla”).

La abundancia de diálogos contribuye a configurar la sensación de claustrofobia (el sol de los adúlteros). No pocas líneas de esas infinitas charlas descuellan por su ingenio. A guisa de ejemplo:

-¿Qué ocurre cuando él te pregunta cómo te has hecho ese cardenal en el muslo?
-Ya lo ha hecho.
-¿Ah, sí? ¿Y qué?
-Le dije la verdad, como siempre. Así es imposible que me sorprenda nunca mintiendo.
-¿Qué le dijiste?
-Le dije “Este cardenal me lo hice durante un fogoso abrazo con un escritor desempleado en un piso sin ascensor en Notting Hill.”
-¿Y cuál fue su reacción?
-Parece absurdo y todo el mundo se ríe.
-Y así conservas la ilusión de que eres una mujer sincera.
-Desde luego.

jueves, 19 de agosto de 2010

El toro de Tafalla



La nota y la imagen

¿A dónde vamos si se apaga la aventura?

... se pregunta el poeta Pablo Antonio Cuadra:

El testamento

Llegó la abuela
con su pausado balanceo de navío.
Cuando ella entraba
la Historia entraba con un frufrú de páginas innumerables en el ruido de sus enaguas.

Sus ojos gobernaban por decretos
de dulces mimos
y maternas severidades,
pero esta vez avanzó cargando la mansedumbre con fatiga,
se sentó quejumbrosa
en el monárquico taburete de las amonestaciones
y puso su canasta de tejedora al pie de la silla.

–Hija mía, Juliana –murmuró–, este delantal de bambas
es para que bailes al Doctor Jerónimo en nombre de tu raza.
Sé que te gusta el baile y la tremolina
¡baila, muchacha, que no se acabe
el ritmo de este pueblo! el día
que nuestros huesos pierdan su música
seremos desplazados por extranjeros.

–Y a vos, Celedonio, te dejo el puño
de plata del bastón de tu padre.
Eres el mayor y tengo años de esperar
que presidas al Cabildo
con la vara de Alcalde en la mano. ¿Qué te pasa,
muchacho? ¿Se hizo horchata
tu sangre de cacique? ¡A la casa
de tu padre el pueblo entraba
y salía a buscar sus palabras!

–A Dámaso díganle que le dejo la cutacha del abuelo.
Está colgada del clavo.
Nunca la saqué de su vaina pero el muchacho es levantisco
y anda metiéndose en problemas.
Me gustan sus azares. Dámaso
es un peligro, pero no será por él
que mi pueblo acepte el yugo.

–Y a vos, rinconero, que te gusta fatigarte con letras,
te dejo este libro de cantos
que cantaron tus antecesores.
¡Que no se rompa el hilo! ¡Escribe!
¡Pobre muchacho: cuando tu padre sembraba
y te daba el arado
nunca trazaste un surco derecho! ¡Te dejo
indefenso contra el hambre
pero mi pueblo necesita soñadores!

–Y a vos, Lupita, que te me estás quedando suelta sin tu voluntad,
te dejo mi canasta de tejidos con algunos ahorros en el fondo.
¡A ver si te cambias de peinado y te empolvas y haces un esfuerzo!

Lupita: ¡No hay que ser tan pasiva, hija mía!
enciende lirios, enciende pájaros,
quema el borde de la noche,
el oficio de la mujer es encender el cielo
de estrellas en el ojo del varón.

... ¿A dónde vamos si se apaga la aventura?

Y se recostó en el taburete cansada de su testamento
se quedó suavemente dormida.

Y nunca despertó

A dónde, temerosos amigos en inseguro 2010, a dónde si la aventura se apaga.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Bicentenario: Hidalgo y Morelos



Para el historiador Brian Hamnett los procesos independentistas de las dos grandes colonias españolas en América, México y Perú, se dieron de modo distinto porque desde sus orígenes se marcaban las diferencias:

Una diferencia muy significativa fue que la capital del virreinato de la Nueva España era Tenochtitlán, mientras que la capital del virreinato del Perú no fue Cuzco ni Quito sino Lima, una ciudad completamente nueva construida por los españoles para ser la capital de la Conquista, una ciudad cercana al Pacífico con comunicaciones relativamente directas hacia Cádiz, Sevilla y los principales puertos de esa época. Y eso es muy diferente, porque toda la herencia indígena en la Nueva España estaba alrededor de la capital, mientras que en el virreinato del Perú imperaba una polarización entre el Cuzco con su herencia incaica y la nueva ciudad, casi marítima, de Lima, el Callao.


Por lo que toca al inicio de la gesta mexicana (en la misma entrevista publicada por Letras Libres) destaca la importancia de Hidalgo y Morelos:

Hidalgo, Morelos y los jefes iniciales de la insurgencia tenían sentimientos más bien que raíces, sentimientos hacia la gente ordinaria, y ello es explicable también porque México había entrado en una crisis económica y social profunda. Más allá del grito de Dolores en 1810, el país padecía una dislocación en la producción minera, crisis en las haciendas, alza de precios, escasez de comestibles básicos... Sacerdotes de parroquia como Hidalgo y Morelos eran bien conscientes de ello, a pesar de sus propósitos políticos mayores, y ese no fue exactamente el caso de los caudillos de la insurrección en América del Sur.
Hidalgo abolió la esclavitud en Guadalajara. Sin embargo, hay que distinguir a México de, por ejemplo, Venezuela: México no era un país de esclavos y por lo mismo podía abolir la esclavitud sin demasiados problemas. Pero más importante es quizá la declaración de Morelos en Aguacatillo, en Tierra Caliente, a fines de 1810, aboliendo las diferencias de casta preservadas en el sistema jurídico y legal de la colonia. Estaban minando todo el edificio jurídico de la colonia española, negando la distinción oficial de castas, etnias, razas, corporaciones, cuerpos, la diferencia entre repúblicas de indios y el resto de la población.

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Sin abandonar las sotanas, pero un contexto anacrónico, aquí una nota sobre la querella entre Marcelo Ebrad y Sandoval Iniguez.