viernes, 27 de agosto de 2010

Plegaria de los huérfanos



Puede que la canalla no advierta la ironía del poema de Fernando del Paso publicado por La Jornada en días pasados en el marco de la querella de algunos prelados de la iglesia católica opositores a la legalización de la adopción de menores por parejas homosexuales. Leamos:

Plegaria de los huérfanos
Nosotros, Señor, los niños huérfanos y las niñas huérfanas de México te rogamos:
Déjanos gozar la plenitud de nuestra orfandad.
Nuestros padres murieron porque fue tu Voluntad. Nuestros padres nos abandonaron porque fue tu Voluntad. Porque Tú así lo quisiste, nuestras madres fueron violadas por desconocidos a los que nunca volvieron a ver, y ellas nos arrojaron a un basurero o nos dejaron a las puertas de un Templo.
Déjanos, Señor, honrar tu Divina Voluntad.
Es nuestro privilegio.
No nos entregues a la adopción de parejas del mismo sexo. Por mucho amor que piensen darnos.
Por mucho amor que, de verdad, nos den.
Preferimos el desamor del abandono.
Preferimos el desamor de la indiferencia.
Es nuestro privilegio.
Preferimos, a tener dos padres amorosos o dos madres amorosas, vivir como vinimos a este mundo: sin un solo padre, sin una sola madre. Preferimos, a tener el amor toda la vida de dos hombres o dos mujeres de buenas intenciones y buena alma, no tener el amor de nadie desde siempre y para siempre.
Preferimos el desamor de la orfandad.
Déjanos, Señor, la libertad de vivir como huérfanos en un orfanatorio. De vestir como huérfanos, el uniforme del orfanatorio. De comer, como huérfanos, la miserable comida del orfanatorio. De dormir, como huérfanos, en los multitudinarios dormitorios de los orfanatorios. Déjanos, Señor, que cuando lleguemos a los albores de nuestra adolescencia nos echen a la calle, como a todos los huérfanos, del orfanatorio.
Es nuestro privilegio.
Así honramos tu Divina Voluntad.
Déjanos, Señor, quedarnos sin estudios, crecer sin moral y sin religión, sin nadie a quien aprendamos a amar, sin nadie que nos enseñe a amarte.
Déjanos ser niños de la calle, hombres de la calle, mujeres de la calle.
Déjanos disfrazarnos de payasos y malabaristas para malganarnos la vida en las esquinas.
Déjanos ser franeleros toda la vida. Déjanos ser mendigos.
Es nuestro privilegio.
Déjanos dedicarnos a limpiar los parabrisas de los automóviles.
Déjanos ser presa fácil del crimen y de la droga, del alcohol.
Déjanos ser criminales. Déjanos ser ladrones y narcos.
Déjanos caer muertos a los veinte años de una sobredosis.
Déjanos morir de hambre en un callejón, déjanos ser asesinados en la flor de nuestra juventud.
Déjanos vivir parte de nuestra orfandad en las cárceles.
Es nuestro privilegio.
Danos la oportunidad, como se la diste a nuestros padres biológicos, de fundar hogares que podamos destruir para poder tener hijos que, con su orfandad, sean el espejo de la orfandad de sus padres y de sus madres, de su crueldad, de su irresponsabilidad, de su desapego.
Déjanos, Señor, prostituirnos a los doce, a los trece, a los catorce años.
Déjanos, Señor, ser las putitas y los putitos de los proxenetas.
Déjanos, Señor, ser pasto de los pederastas en las escuelas, en tus templos.
Pero no nos des por guía a dos mujeres, o a dos hombres, aunque todos sean, como nosotros, tus hijos, y todos, como nosotros, seres humanos. Por mucho amor que nos prometan. Por mucho amor que nos tengan. Y así nos colmen con alegrías y comprensión. Así nos dignifiquen como pobres criaturas de Dios y por mucho amor que tengan a ti mismo. No merecen nuestro amor recíproco porque no merecen, siquiera, el tuyo.
Preferimos el desamor de la ausencia. Preferimos el desamor del olvido.
Pero si es tu Divina Voluntad, Señor, darnos un hogar y arrancarnos así el privilegio de no haberlo tenido, Señor, haz que las buenas familias cristianas de México que ya tienen hijos, nos adopten; haz que todas las parejas sin hijos de México, nos adopten. A todos, Señor. Cualquiera sea el color de nuestra piel. Así seamos blancos o indios, negros. Así estemos ciegos, o cojos, o mudos. Tú, si te lo propones, Señor, puedes hacerlo.
Diles a esas buenas familias cristianas que así aliviarán sus conciencias: evitándonos ser adoptados por parejas del mismo sexo.
No nos des dos padres o dos madres, Señor. Tú nos diste el frío de la ciudad y el silencio de la noche: los preferimos al calor de sus hogares y a la dulzura de sus palabras.
Y si nada de esto puedes hacer porque no lo quieres hacer, porque tu Divina y misteriosa e inescrutable Divina Voluntad se impone a tu Divina Omnipotencia, Señor, déjanos tranquilos.
Déjanos, así como nacimos parias, ser parias toda la vida para salvaguardar tu Voluntad. Déjanos crecer desprotegidos en el desamor de la intemperie, en la periferia de la sociedad, en el vacío del rechazo y el desdén.
Déjanos Tú, tú, el Señor sin cuya voluntad no se mueve la hoja de un árbol, déjanos, Señor, que como hojas nos arrastre el viento de la soledad y la derelicción.
Es nuestro privilegio: somos los privilegiados de la Tierra porque sabemos que, gracias a tu infinita Misericordia, le has prometido, a aquellos que en esta vida habitan un infierno, que en la otra vida serán ciudadanos del Reino de los Cielos.
Gracias, Señor.
Fernando del Paso

Sólo me resta rematar esta monumental ironía: Amen.

martes, 24 de agosto de 2010

Baniano



El baniano, nos explica Elsa Cross, "es un árbol sagrado y los poetas hindúes hablan con mucha frecuencia de él: por un lado aluden a las raíces que brotan de las ramas más altas y bajan hasta encajarse en la tierra, volviendo a su origen. Por otro lado, hablan de la semilla pequeñísima en que está contenido potencialmente ese árbol tan enorme, tal como en el espacio más secreto del corazón de cada ser humano está contenido el universo entero".

Al amparo de la fresca y serena sombra que proyectan los versos de Elsa Cross, ella misma un baniano, descanso, me solazo:

...
Yo soy tu siervo, tu eres mi Señor.
Deja que exista aún esta diferencia
entre lo alto y lo bajo. El agua no
puede beberse a sí misma... Sólo de
la diferencia nace el placer.

Ah, que la lluvia te lleve
este mínimo rumor,
pues del fragor que alcanza el corazón
bien poco se nos da
por las palabras.
...

lunes, 23 de agosto de 2010

Engaño



Dos adúlteros en su escondite. El enunciado anterior resume la trama de Engaño, novela de Philip Roth.

Siempre que leo una obra de este escritor norteamericano me embarga un repetido déja vu. En esta, como en otras historias suyas, hay un escritor judío y hay una mujer bella y talentosa pero no a la altura del genio del primero; y hay reflexiones múltiples sobre asuntos que uno juzga naturales al autor. (Philip Roth, y tal vez por ello me guste leerlo, sabe que no todo es garabatear sino que la escritura debe estar preñada de pensamiento.)

Uno se aventura a un libro de Philip Roth como quien apuesta por un film de Woody Allen: Más o menos ya se sospecha lo que se encontrará pero eso no importa. O dicho de otro modo, precisamente eso es lo que importa.

Engaño esta construida a través de conversaciones (la narración se da como consecuencia de la plática), lo que los infieles se dicen antes, durante y después del coito; con una franqueza y naturalidad que por momentos perturba (como la traducción al castellano se realizó pensando en el mercado de España, el lector habrá de resignarse a expresiones del tipo “su mano en mi polla”).

La abundancia de diálogos contribuye a configurar la sensación de claustrofobia (el sol de los adúlteros). No pocas líneas de esas infinitas charlas descuellan por su ingenio. A guisa de ejemplo:

-¿Qué ocurre cuando él te pregunta cómo te has hecho ese cardenal en el muslo?
-Ya lo ha hecho.
-¿Ah, sí? ¿Y qué?
-Le dije la verdad, como siempre. Así es imposible que me sorprenda nunca mintiendo.
-¿Qué le dijiste?
-Le dije “Este cardenal me lo hice durante un fogoso abrazo con un escritor desempleado en un piso sin ascensor en Notting Hill.”
-¿Y cuál fue su reacción?
-Parece absurdo y todo el mundo se ríe.
-Y así conservas la ilusión de que eres una mujer sincera.
-Desde luego.

jueves, 19 de agosto de 2010

El toro de Tafalla



La nota y la imagen

¿A dónde vamos si se apaga la aventura?

... se pregunta el poeta Pablo Antonio Cuadra:

El testamento

Llegó la abuela
con su pausado balanceo de navío.
Cuando ella entraba
la Historia entraba con un frufrú de páginas innumerables en el ruido de sus enaguas.

Sus ojos gobernaban por decretos
de dulces mimos
y maternas severidades,
pero esta vez avanzó cargando la mansedumbre con fatiga,
se sentó quejumbrosa
en el monárquico taburete de las amonestaciones
y puso su canasta de tejedora al pie de la silla.

–Hija mía, Juliana –murmuró–, este delantal de bambas
es para que bailes al Doctor Jerónimo en nombre de tu raza.
Sé que te gusta el baile y la tremolina
¡baila, muchacha, que no se acabe
el ritmo de este pueblo! el día
que nuestros huesos pierdan su música
seremos desplazados por extranjeros.

–Y a vos, Celedonio, te dejo el puño
de plata del bastón de tu padre.
Eres el mayor y tengo años de esperar
que presidas al Cabildo
con la vara de Alcalde en la mano. ¿Qué te pasa,
muchacho? ¿Se hizo horchata
tu sangre de cacique? ¡A la casa
de tu padre el pueblo entraba
y salía a buscar sus palabras!

–A Dámaso díganle que le dejo la cutacha del abuelo.
Está colgada del clavo.
Nunca la saqué de su vaina pero el muchacho es levantisco
y anda metiéndose en problemas.
Me gustan sus azares. Dámaso
es un peligro, pero no será por él
que mi pueblo acepte el yugo.

–Y a vos, rinconero, que te gusta fatigarte con letras,
te dejo este libro de cantos
que cantaron tus antecesores.
¡Que no se rompa el hilo! ¡Escribe!
¡Pobre muchacho: cuando tu padre sembraba
y te daba el arado
nunca trazaste un surco derecho! ¡Te dejo
indefenso contra el hambre
pero mi pueblo necesita soñadores!

–Y a vos, Lupita, que te me estás quedando suelta sin tu voluntad,
te dejo mi canasta de tejidos con algunos ahorros en el fondo.
¡A ver si te cambias de peinado y te empolvas y haces un esfuerzo!

Lupita: ¡No hay que ser tan pasiva, hija mía!
enciende lirios, enciende pájaros,
quema el borde de la noche,
el oficio de la mujer es encender el cielo
de estrellas en el ojo del varón.

... ¿A dónde vamos si se apaga la aventura?

Y se recostó en el taburete cansada de su testamento
se quedó suavemente dormida.

Y nunca despertó

A dónde, temerosos amigos en inseguro 2010, a dónde si la aventura se apaga.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Bicentenario: Hidalgo y Morelos



Para el historiador Brian Hamnett los procesos independentistas de las dos grandes colonias españolas en América, México y Perú, se dieron de modo distinto porque desde sus orígenes se marcaban las diferencias:

Una diferencia muy significativa fue que la capital del virreinato de la Nueva España era Tenochtitlán, mientras que la capital del virreinato del Perú no fue Cuzco ni Quito sino Lima, una ciudad completamente nueva construida por los españoles para ser la capital de la Conquista, una ciudad cercana al Pacífico con comunicaciones relativamente directas hacia Cádiz, Sevilla y los principales puertos de esa época. Y eso es muy diferente, porque toda la herencia indígena en la Nueva España estaba alrededor de la capital, mientras que en el virreinato del Perú imperaba una polarización entre el Cuzco con su herencia incaica y la nueva ciudad, casi marítima, de Lima, el Callao.


Por lo que toca al inicio de la gesta mexicana (en la misma entrevista publicada por Letras Libres) destaca la importancia de Hidalgo y Morelos:

Hidalgo, Morelos y los jefes iniciales de la insurgencia tenían sentimientos más bien que raíces, sentimientos hacia la gente ordinaria, y ello es explicable también porque México había entrado en una crisis económica y social profunda. Más allá del grito de Dolores en 1810, el país padecía una dislocación en la producción minera, crisis en las haciendas, alza de precios, escasez de comestibles básicos... Sacerdotes de parroquia como Hidalgo y Morelos eran bien conscientes de ello, a pesar de sus propósitos políticos mayores, y ese no fue exactamente el caso de los caudillos de la insurrección en América del Sur.
Hidalgo abolió la esclavitud en Guadalajara. Sin embargo, hay que distinguir a México de, por ejemplo, Venezuela: México no era un país de esclavos y por lo mismo podía abolir la esclavitud sin demasiados problemas. Pero más importante es quizá la declaración de Morelos en Aguacatillo, en Tierra Caliente, a fines de 1810, aboliendo las diferencias de casta preservadas en el sistema jurídico y legal de la colonia. Estaban minando todo el edificio jurídico de la colonia española, negando la distinción oficial de castas, etnias, razas, corporaciones, cuerpos, la diferencia entre repúblicas de indios y el resto de la población.

***
Sin abandonar las sotanas, pero un contexto anacrónico, aquí una nota sobre la querella entre Marcelo Ebrad y Sandoval Iniguez.

martes, 17 de agosto de 2010

Las tareas del robot

Hace unos días daba cuenta aquí del robot mexicano Mexone. Don Guillermo Sheridan, quien sigue muy de cerca el asunto, nos habla de las habilidades esperadas del humanoide azteca:

¿Qué destino aguarda a Mexone, paracleto de la robótica humanoide? Dentro de unos meses deberá estar terminado y mostrar públicamente sus habilidades. Por lo pronto, Mexone podrá -dice el jefe del proyecto, Eduardo Bayro- caminar, sentarse, mover la cabeza, reconocer objetos, entablar conversaciones sencillas, cambiar de posición, enfocar, percibir su ambiente, evitar obstáculos, y reconocer personas, para entablar un diálogo básico. De quitarse lo de “evitar obstáculos”, y de agregarse “cobrar y viajar”, Mexone haría todo lo que hace un diputado, y lo haría mejor, sin duda.


lunes, 16 de agosto de 2010

¡Que no estamos preparados!




Todo parece indicar que La Suprema Corte de Justicia de la Nación declarará constitucional las reformas que permiten la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo en el Distrito Federal, y celebro que así sea.

Algunos detractores a esa reforma argumentan un facilismo la mar de imbécil: “la sociedad no esta preparada para esas cosas”. Resulta tonto ese razonamiento porque si se le expulga un poco tenemos que en realidad la sociedad está preparada para muy poco. No lo estuvo para la “influenza porcina”, ni lo estuvieron los habitantes todos de Aldama Nuevo León vulnerados intempestivamente en su patrimonio al evacuar de un día para otro sus casas por la crecida del río. Por muchos años la sociedad no estuvo preparada para el voto femenino, y así ad náuseam.

En cambio, la sociedad sí esta preparada para la guerra y para la crueldad vuelta espectáculo. Lo estuvo en la antigua Roma para alentar la muerte de los gladiadores en funciones de circo. Lo está ahora en peleas de box donde se disfruta cuando un tipo madrea a otro.

Un comentario de Luis González de Alba leído el día de hoy inspira estas líneas. En el mismo se cita el epitafio de un soldado gay: “Me dieron una medalla por matar a dos hombres, me dieron de baja por amar a uno.”

domingo, 15 de agosto de 2010

Invictus



A juzgar por la pelìcula Invictus de Clint Eastwood, el poema del mismo nombre de William Ernest Henley aportó a Nelson Madela entereza para sobrellevar su reclusión en Robben Island.

Este domingo un diario de la localidad lo reproduce tratando de imbuir fuerza en el apesadumbrado ánimo de los neolaredenses.

Este es el poema en su lengua original:

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.


Su traducción:

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.
En las feroces garras de las circunstancias
Ni me he lamentado ni he dado gritos.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.
Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.


Envío: el poema y un abrazo solidario a mi choco-amigo Chirivito, quien tanto ama esos versos.

viernes, 13 de agosto de 2010

Los celos según Burton



Por Tedi López Mills me entero:

Leyendo sobre los celos en La anatomía de la melancolía de Robert Burton me topo con menos datos que rumores: “se dice que” los elefantes son los animales más celosos, las pelirrojas de voz aguda son las mujeres más temibles, los calvos son los hombres menos confiables. Burton es como un Heródoto de las emociones, del territorio sentimental; la actitud es semejante: informar, no ahondar ni, sobre todo, interpretar; un periodista de la melancolía, seguramente nada melancólico él mismo. Con los celos se muestra divertido, reportando chismes de barrio para los tiempos venideros: los cisnes también son muy celosos, añade, y cuenta que un cisne cerca de Windsor vio a su pareja nadando con otro pájaro, persiguió al otro pájaro durante kilómetros, lo mató, regresó a su estanque y ya nunca volvió a nadar con su pareja. Un cisne rudo y de convicciones

jueves, 12 de agosto de 2010

Strange fruit



Aquí un artículo de Carmen Boullosa y aquí Billie Holiday cantando Strange fruit.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Claude Chabrol



Albricias: El videoclub que frecuento me ha dado una agradable sorpresa, ha puesto en circulación algunas películas del realizador Claude Chabrol.

Chabrol formó, junto con Jean-Luc Godard y otros directores, parte de lo que dio en llamarse la Nouvelle Vague. Fue también colaborador del ahora mítico Les Cahiers du cinéma y desde esa trinchera defendió el cine, antes tomado por poco serio, de Alfred Hitchcock, de sus maestros la presencia más notable. La intriga y el suspenso son el sello distintivo en ambos pero encuentro, si se me permite la expresión, más literario el trabajo del francés.

Engalana este post no la foto de Chabrol sino la de una de sus estrellas: Romy Schneider; protagonista de una cinta cuyo título ajusta a la mayoría de los mortales: Les innocents aux mains sales (inocentes con manos sucias).

martes, 10 de agosto de 2010

Un robot mexicano



Se llama Mexone y fue diseñado por científicos mexicanos. Para saber más del asunto, basta un click aquí.

Esta noticia, tan poco común en los medios (no se ha visto que los avances nacionales en robótica acaparen ocho columnas), sirve a Guillermo Sheridan para desplegar, en su columna de hoy para El Universal, erudición en la materia:

Antes de que Karol Kapek los bautizara, los robots se llamaban “automata” y, si tenían apariencia humana, “androides”.
La palabra automaton (“que se lanza a sí mismo”) se aplicó a cualquier creatura provocada por demiurgo, que emulase humanos por arte de magia o de ingeniería. El cronista griego Fadorino (siglo IV) narra que Dédalo construyó un palomo de madera que volaba y androides que abrían y cerraban los ojos antes multitudes asombradas. El jesuita Athanasius Kircher habla de un Johan Müller -apodado “Regiomontanus”- que en el XIII construyó una mosca blindada de tamaño natural que usaba para dar muerte a otras moscas, y el propio Kircher -según Fortat en sus Comentarios- diseñó un autómaton de bronce que abría la puerta y saludaba al visitante. Un francés, Vaucason, fabricó un ganso capaz de llenarse el buche de grano que luego “evacuaba por ordinaria vía” y Da Vinci un león mecánico que le rugió a Louis XII cuando visitó Roma.
Descartes se interesó mucho en el asunto y habla de él en la quinta parte de su Discurso del método. Teorizó que aun los hombres eran mecanismos sumamente elaborados y multifuncionales. Luego de algunos ensayos timoratos concluyó que los automata eran máquinas mediocres, incapaces de hablar y capaces de realizar, si acaso, una sola función específica. Su mayor logro fue una muchacha de cuerda a la que llamaba “mi hija Franchina” que tuvo un final espeluznante: durante un viaje en barco, Descartes la echó a andar y los marineros, aterrados, la lanzaron por la borda. Y como la función específica de Franchina, lamentablemente, no era la natación…

***
De Polonio a Laertes: Me escribe Judith Moreno diciendo que, precisamente, los versos finales del pasaje de Hamlet reproducido en este Blog, hace unos días, modelaron su vida. Ella prefiere el inglés y en esa lengua los cita. Los comparto para disfrutar eso que Borges llamó la música verbal de Inglaterra:

This above all, to thine own self be true
And it must follow, as the night the day
Thou cans't not then be false to any man.

lunes, 9 de agosto de 2010

Un soneto de Garfias

Fue en Tabasco, donde tantas revelaciones literarias me ocurrieron, cuando conocí la obra de Pedro Garfias. Supe, desde entonces, de su exilio mexicano y su vagar por Monterrey. Según la profesora Juan Elia Puente, Garfias visitó en varias ocasiones Nuevo Laredo. Aquí, dice ella, tenía amigos con los que se daba a la bohemia.

De manera que teniendo, como tengo, tan grato recuerdo de don Pedro, me ha dado gusto toparme con este soneto suyo:

Vive siempre el ayer pero el ahora/ no crece hacia mañana./ En vano espero desde mi ventana/ ver apuntar la aurora.// El largo tiempo se adelgaza y llora,/ la lenta sangre mana,/ y hay una especie de congoja humana/ que el corazón me lame, hora tras hora.// Del diamante, del agua y del rocío/ nace la luz, y nace mi agonía/ del viento que me da su griterío.// Ese viento que yo desplumaría/ de no haber en la noche tanto frío/ y tanta lumbre en la cabeza mía.

Y lo comparto con todos, pero particularmente con la profesora Puente; siempre atenta y generosa conmigo.

Descanso dominical



Ayer buscaba en el El País semanal la Zona fantasma de Javier Marías; no la encontré, pero dí, en cambio, con un buen artículo sobre las cícladas y otro sobre las simpatías fílmicas de algunas personalidades.

No menos grato fue enterarme en el suplemento cultural de Milenio de un nuevo libro donde se recogen cartas inéditas de Cortázar.

En Babelia, Carlos García Gual lista las que considera grandes novelas históricas.

viernes, 6 de agosto de 2010

De Polonio a Laertes




Felizmente, el día de hoy compartí mesa –y sobremesa- con un grupo de queridos amigos (los dos Antonios y madame Bello, entre ellos). Cada que esto ocurre, los temas abordados van de la seca a la meca; pero en ellos siempre hay espacio para los libros, el cine, los viajes… Un comentario de A. Saravia me llevó a recordar la puesta en escena de Hamlet, bajo la dirección de Juan José Gurrola, y con Daniel Giménez Cacho en el papel del príncipe danés, a la que asistí en un pequeño teatro de la UNAM hace un par de años.

Quedé tan entusiasmado con aquella representación que a mi regreso a Nuevo Laredo le narré la experiencia a Saravia. Hoy, cuando precisamente ponderábamos al gran actor que es Giménez Cacho he recordado aquella moderna y mexicana versión del clásico de Shakespeare.

Apoyándome en el libro de Hamlet vuelvo a oír las palabras que Polonio dirige a Laertes, la víspera del viaje del segundo a Francia; en esencia no difieren de cualquier buen consejo proferido de padre a hijo; pero éstas se han conservado a través de los años en virtud de la genial articulación del bardo inglés:

Lleva contigo mi bendición, y en la memoria estos consejos: no prestes tu lengua a tus pensamientos ni hagas cosas sin pensar. Sé afable, pero no vulgar en tu trato. Une a ti, con vínculos de acero a aquellos amigos firmes que ya hayas calado. Pero no te prodigues con los que acaban de salir del cascarón, aún sin plumas. No entres en contiendas, pero, si entras, que tu adversario tenga que huir de ti. Presta tu oído a todos y a pocos tu voz. Oye las murmuraciones de los demás, pero reserva tu propio juicio. Que tu atavío sea tan caro como pueda tu bolsa, pero que nunca sea afectado. Rico, pero no ostentoso, porque el traje proclama a quien lo lleva… No prestes ni pidas prestado porque quien presta pierde dinero y amigo, y quien suele andar pidiendo falta al sentido de orden y economía que es indispensable tener. Pero esto sobre todo: sé sincero contigo mismo y sigue a esto, como la noche al día, que no vas a poder ser falso con los demás.


No es casualidad que William Shakespeare ocupe un lugar central en el canon de Bloom. Shakespeare, quizá como ningún otro, constituye el mejor ejemplo de que la alta literatura consigue ayuntar la belleza expresiva con el discurso sapiencial. Cualquier persona, incluso aquellas con acusado desinterés literario, puede dar cualquier día con ese pasaje y más no necesitar.

Polibio, hoy



Ocurre que no vemos con claridad, en los distintos ámbitos: federal, estatal, municipal, hacia a dónde apuntan las iniciativas de nuestras autoridades; llámense ejecutivas, legislativas y judiciales.

No hay originalidad en el desorden que se observa; me vengo a enterar por la columna de hoy de Héctor Aguilar Camín, para Milenio, que ya Polibio (historiador griego nacido en 200 A. C.) advertía esos vicios en su sociedad:


Al pueblo ateniense le ocurre siempre lo que a una nave sin capitán. En efecto: en las naves, mientras los marineros se incitan a no promover discordias y a obedecer al piloto, ya sea por el miedo que les infunda el estado de la mar o la proximidad del enemigo, todo el mundo cumple su deber estupendamente; pero, cuando toman confianza y empiezan a desdeñar a los que ejercen el mando y a disputar defendiendo opiniones contrapuestas, en tal caso unos marineros prefieren proseguir la navegación, otros instan al piloto a que fondee la nave, otros pretenden desplegar las velas, otros quieren impedirlo a brazo partido y les mandan dejarlas. El espectáculo es vergonzoso para los que lo contemplan desde fuera, por las diferencias y disputas surgidas entre los marineros, que además convierten en arriesgada la navegación para todos. Más de una vez, navegantes que han superado los mares más vastos y los temporales más formidables naufragan cerca de la costa o en la misma bocana del puerto. Esto es lo que con frecuencia ha sucedido al estado ateniense: después de haber vencido las más grandes y terribles peripecias por la bravura del pueblo y la de sus jefes, en los intervalos pacíficos se ha hundido, al azar, incomprensiblemente.

De seguir acéfala nuestra nave y sin un puerto claro al cual llegar, sólo la veremos navegar y navegar, a merced de tormentas y naufragios; a merced, no menos grave, de nosotros mismos.

lunes, 2 de agosto de 2010

Estrella distante




Aunque resonancia de La literatura nazi en América, Estrella distante es más que un eco de aquella. Esta novela de Roberto Bolaño incluye asuntos recurrentes en la obra del chileno; a saber: una voz narrativa fácil de asociar con el autor por los jirones biográficos aportados a la historia, poetas marginales en roles protagónicos, investigaciones criminales no exentas de literatura.

La historia sucede en los años finales del breve gobierno de Salvador Allende y en los sucesivos al golpe de Augusto Pinochet. Entre los ejecutores del terror en los años previos y durante la dictadura chilena destacó uno por seductor y culto: el teniente Carlos Wieder.

Desde los primero renglones sabemos que Wieder se ocultaba al amparo de varios alias. Con uno de ellos, el de Alberto Ruiz –Tagle, es conocido por el narrador de la historia en sus mocedades, cuando ambos coincidían en clubes literarios. También desde el arranque de la historia tenemos noticia de los alcances criminales de Wieder (resultará responsable de la liquidación de personas cercanas al narrador) así como de su singular destreza para la acrobacia aérea: con la estela dejada por el avión militar que comandaba imprimía en el aire arte efímero; en una ocasión versículos de la biblia en latín, una apología de la muerte, en otra.

Uno de los momentos climáticos de la novela es cuando Wieder exhibe, en petit comité, los registros fotográficos de sus crímenes, en un happening macabro. Ese sacudimiento puntea la interrogante obligada ¿debemos apelar a una moral en terrenos de la estética? Esa pregunta no es nueva, se viene formulando desde tiempo ha, por tan solo citar una referencia acúdase al Saló de Pasolini.

El desenlace de la novela es magnífico. El narrador de la historia se reencuentra con Wieder envejecido y desmejorado. Lo invade el terror y se pregunta si valdrá la pena identificarlo (cobrará por ello), ante un sicario que ya sabemos terminará con los días del que fuese un dandy del horror.

Otro mérito atendible de Estrella distante es su brevedad. “Un discurso breve o una novela corta hacen que las bodas o la literatura sean menos desquiciantes” apunta Fadanelli, y lleva razón. Entre esos dos monumentos que representan Los detectives salvajes y 2666, las dos magnas novelas de Bolaño, Estrella distante irradia un inquietante y delgado brillo.