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jueves, 30 de septiembre de 2010

Álvaro Uribe: ars narrativa

Aún no veo El atentado, pero puedo emitir un juicio a priori: como en muchas otras de sus películas, Jorge Fons ha recurrido, para cimiento del guión, a una novela trabajada con talento; en este caso, Expediente del atentado, de Álvaro Uribe (de la que me ocupé en su oportunidad en el Círculo de Lectores).

Uribe, uno de nuestros mejores prosistas en activo, confía a la revista Nexos algo de su ars narrativa:

El austrohúngaro Erich Weisz, mejor conocido como el estadunidense Harry Houdini, era un maestro en el arte de meterse en aprietos. “La celda acuática de tortura china” y “El tanque de leche”, sus dos actos más célebres, consistían diversamente en ponerle grilletes en los pies, colgarlo boca abajo, meterlo en una jaula cerrada con llave y sumergirlo hasta el fondo de una pileta llena de agua. Houdini tenía sólo tres minutos para escapar de esa ardua serie de trampas autoimpuestas, o bien morir. Sin el dramatismo ni por fortuna el peligro implícitos en tamaño espectáculo, yo al emprender cada libro, y cada parte de un libro, y cada página de cada parte, me enjaulo en una trama de reglas asumidas por mi propia voluntad. La premisa de mis restricciones deliberadas es que el párrafo debe ser a la prosa lo que la estrofa a la poesía. De ahí se derivan sencillas ordenanzas de composición, al estilo de: no emplear el punto y coma (o sí, según el caso), no repetir ningún verbo ni adverbio ni sustantivo ni sobre todo adjetivo (salvo cuando haga falta), no incluir el término definido en la definición (para respetar un precepto de la filosofía clásica), no repetir el ritmo ni la longitud ni la estructura de las frases sucesivas (aunque en ocasiones puede resultar interesante), no concluir siempre con palabras acentuadas en la misma sílaba (a no ser que se desee destantear al lector perspicaz), no abusar de los paréntesis (como hago ahora) y tantos otros mandamientos parrafales (por lo común negativos, a imagen y semejanza de los diez del Monte Sinaí) cuantos convengan a un texto en particular. Si se trata de una narración, hay que pensar además en el trazo de los personajes, en los límites precisos (o no) al punto de vista del narrador (o de los narradores), etcétera. Borges (otra vuelta Borges) dijo que con la edad había reemplazado las doctrinas estéticas por ciertas mañas literarias. Temo que ya alcancé esa edad. Una de las muchas diferencias esenciales entre mi oficio y el del escapista es que yo no tengo prisa.

Tampoco sé cuántas de mis manías obedecen al hecho atávico de que escribo a mano. Con un bolígrafo de los más corrientes, que en el siglo pasado se llamaban “plumas de a peso”. En hojas sueltas de papel blanco y sin rayas que sólo ennegrezco por una cara. La verdad es que paso mucho más tiempo fantaseando —mientras miro a mi gata ovillada en la musadora o a las hojas inéditas del clóset o a las inalcanzables flores del flamboyán— que escribiendo. La verdad es que sólo empiezo a escapar de mi jaula voluntaria cuando por fin llega el día de transcribir los párrafos a la computadora. La verdad es que me gusta menos escribir que haber escrito. Y entonces, ya fuera del tanque de agua y envuelto en una muda de ropa seca, morosamente corregir

***

Luto en el cine. Esta semana se han marchado el actor Tony Curtis (el de la imagen) y el realizador Arthur Penn. De Curtis rescataría Some like it hot, una de las películas más divertidas en la historia del cine y, en el caso de Arthur Penn, favorecería su trabajo en Bonnie and Clyde.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Una de vaqueros



Ante las incesantes fruslerías del verano, soy de los que prefieren pertrecharse en casa y sintonizar canales que exhiben las así llamadas películas clásicas. Por ejemplo, tengo para mí que el cine de Billy Wilder es superior al de cualquiera de esta hora.

A quien se quiera ahorrar, por decir algo, la última masturbación mental de Robert Rodríguez, lo invito a que pruebe con una de vaqueros.

Lo siguiente se lo leí a Catón:

En 1853 había en las planicies de América del Norte 60 millones de búfalos. Después de 30 años quedaban sólo 3 mil. El hombre blanco hizo una bárbara matanza de esos hermosos animales. Los masacró para ganar dinero, sí -2 dólares por cada piel; 50 centavos cada lengua-, pero sobre todo como política oficial para aniquilar el principal medio de subsistencia del piel roja, y de ese modo acabar también con él. Ahora, sin embargo, el bisonte americano es objeto de cuidados para evitar su desaparición, y la cultura de los pueblos nativos se estudia con respeto. ¿Dónde aprendí eso? En una película del Oeste, claro. Siempre he creído que en la lectura y en el cine se aprende más que en las escuelas. La película que digo es inquietante. Se llama "The Last Hunt", de Richard Brooks, y en ella aparece Robert Taylor en un papel insólito, de villano, con Debra Paget y el inglés Stewart Granger, cuyo nombre real, dicho sea entre paréntesis, era James Stewart. Soy gran aficionado a las películas llamadas de vaqueros. En ocasiones me desvelo viendo uno de esos viejos filmes en la televisión. Para justificar tan inofensivo gusto no necesito recurrir a Borges, quien consideraba que los westerns son la única forma de literatura épica que sobrevive aún. Épicos son, en efecto, aquellos prodigios del cine que se llaman "Duel in the Sun", de King Vidor; "Red River", de Howard Hawks; "Winchester '73", de Anthony Mann; "High Noon" ("La hora señalada"), de Fred Zinnemann; "3.10 to Yuma", de Delmer Daves; "Shane", de George Stevens, hasta llegar a "Dance with Wolves", de Kevin Costner, para no mencionar la obra seminal del género, "Stagecoach" ("La Diligencia"), de John Ford. Rituales, igual que el teatro kabuki, esas películas están sujetas a un canon. No se someten a la realidad: la imagen que proyectan de la vida en el oeste americano está muy lejos de ser verdadera. En otros años, cuando queríamos significar que algo era mentira, decíamos: "Mejor cuéntame una de vaqueros". Pero las películas de vaqueros, tanto las más elementales como las más complejas, se basan siempre en un hondo ideal humano: el triunfo del bien sobre el mal. En estos sombríos tiempos que vivimos, cuando la oscuridad parece dominar sobre la luz, ver una buena película del oeste es una humilde forma -candorosa quizá, pero efectiva- de mantener aunque sea un resplandor pequeño de esperanza. Si por el miedo que nos invade renunciamos a la fe, con ella lo perderemos todo. Sitiados como estamos por la inseguridad, no olvidemos que, pese a todas las evidencias en contrario, el mal nunca prevalece sobre el bien. Aunque parezca ingenuidad decirlo, al final siempre acaban por triunfar los buenos. ¿Dónde aprendí eso? No en la Historia, que en el fondo es tan mentirosa, sino en las películas de vaqueros, que en el fondo son tan verdaderas...
A la lista de Catón añadiría Los imperdonables, de Clint Eastwood, no sólo una destacada pieza del western sino una de las mejores películas en la historia del cine.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Claude Chabrol



Albricias: El videoclub que frecuento me ha dado una agradable sorpresa, ha puesto en circulación algunas películas del realizador Claude Chabrol.

Chabrol formó, junto con Jean-Luc Godard y otros directores, parte de lo que dio en llamarse la Nouvelle Vague. Fue también colaborador del ahora mítico Les Cahiers du cinéma y desde esa trinchera defendió el cine, antes tomado por poco serio, de Alfred Hitchcock, de sus maestros la presencia más notable. La intriga y el suspenso son el sello distintivo en ambos pero encuentro, si se me permite la expresión, más literario el trabajo del francés.

Engalana este post no la foto de Chabrol sino la de una de sus estrellas: Romy Schneider; protagonista de una cinta cuyo título ajusta a la mayoría de los mortales: Les innocents aux mains sales (inocentes con manos sucias).

lunes, 9 de agosto de 2010

Descanso dominical



Ayer buscaba en el El País semanal la Zona fantasma de Javier Marías; no la encontré, pero dí, en cambio, con un buen artículo sobre las cícladas y otro sobre las simpatías fílmicas de algunas personalidades.

No menos grato fue enterarme en el suplemento cultural de Milenio de un nuevo libro donde se recogen cartas inéditas de Cortázar.

En Babelia, Carlos García Gual lista las que considera grandes novelas históricas.

jueves, 24 de junio de 2010

An education




Me confieso rendido ante la actriz Carey Mulligan; su caracterización de Jenny en la película An education es entrañable; y admirable si se tiene en cuenta que su carrera apenas despunta.

Jenny es una chica atrapada en la red de un Don Juan. En esa circunstancia arriesga su anhelado ingreso a Oxford por perseguir los embelecos de una vida plena(*).

La historia de una joven que a los 16 distingue a los prerrafaelitas y especula sobre el existencialismo en Camus tendría que gustarme de modo irrenunciable. Y así fue.

...
(*) En la novela Todas las almas, Toby Rylands, uno de los más caros personajes de Javier Marías, sentencia: “Yo he tenido lo que se llama comúnmente una vida plena… No he tenido mujer ni hijos, pero creo haber tenido una vida de conocimiento, que era lo que me importaba. Nunca he dejado de saber más de lo que sabía antes, y es indiferente donde quieras poner ese antes, aunque sea hoy, aunque sea mañana.”

martes, 22 de junio de 2010

El secreto de sus ojos




Difícil imaginar una película de Juan José Campanella sin el amor como mar de fondo; El secreto de sus ojos, no es la excepción. Con esa cinta el realizador argentino ganó el Oscar a la mejor película extranjera este año.

Un grupo de penalistas porteños, encabezados por Benjamín Espósito e Irene Menéndez Hasting, siguen las pistas de un crimen pasional hasta dar con la identidad y paradero del asesino. No tardaremos en comprender que juzgar y encarcelar a un criminal sirve de muy poco en un país corrupto, como lo era la Argentina de los setenta.

Han de transcurrir veinticinco años para que uno de los protagonistas de aquel incidente, Benjamín, ensaye una novela en donde recupera aquellos acontecimientos. Esa tarea conlleva localizar algunos testigos y de paso dar con un tremendo secreto (la vuelta de tuercas al final de la historia) y el reencuentro con Irene; todo para descubrirse como al principio: calladamente enamorado.

Campanella repite los estelares de otro de sus trabajos, El mismo amor, la misma lluvia, Soledad Villamil (Irene) y Ricardo Darín (Benjamín); y adereza este Thriller romántico con finas dosis de buen humor.

El mensaje de Campanella es claro e incontestable, en medio de la impunidad, la estupidez y el sinsentido, el amor se abre camino.

jueves, 6 de agosto de 2009

Las cartas de Dalton Trumbo



Ruidosas, divertidas, valientes, minusiosamente humanas; las cartas escritas por Dalton Trumbo en un periodo que va de 1942 a 1962.

Amoroso padre de tres hijos y esforzado esposo, había ganado prestigio como guionista, hacia 1945 era el mejor pagado en la industria holliwoodense. Como tantos, Trumbo fue un hombre razonablemente pacífico; no busco los problemas, estos dieron con él.

"Si quieres espantar a un país, persigue a su realeza, y Hollywood era nuestra realeza", sentencia el escritor norteamericano Víctor Navasky. Eran los días del telón de acero cuando el infame senador McCarthy ideó procesar a todos los sospechosos de filiación comunista; Los diez de Hollywood son las víctimas más notorios de la cazería de brujas, pero cayeron muchos más: entre ellos Trumbo.

Más que socialista, Trumbo fue un liberal. Pero el celo del estúpido no distingue matices, como otros del gremio, además de encarcelado, fue condenado a la clandestinidad; su nombre, al formar parte de la lista negra, en la que se incluía a todo sospechoso de promover el socialismo en suelo yanqui, no podía figurar en los créditos de los filmes. Los muchos guiones que escribió en aquella época los firmó con seudónimo; dándose el sorprendente caso de que uno de ellos, The brave one, firmado bajo Robert Rich, fue distinguido con el Oscar al mejor guión original en la ceremonia de 1957; como era de esperarse nadie de los ahí presente se levantó a recogerlo. Finalmente, ese premio le fue entregado en 1975. Fue hasta los sesenta que se le permitió aparecer en los créditos de las películas en las que intervino en esa década; destacan dos: Espartaco y Exodo.

Entre las peculiaridades de Trumblo se hallaba la manía epistolar. Escribía movido por la amistad o el disgusto. El tono divertido de muchas de ellas me hizo recordar a las que gustaba redactar el protagonista de Los cuadernos de Rigoberto (novela de Vargas Llosa). Por ejemplo, la que envía a la compañía de Teléfonos quejándose de sus tarifas va, más o menos, asi: "Queridos ladrones... advierto, por sus tarifas, que gozan metiendo la mano en el bolsillo ajeno". Y por esa vereda continúa.

Todas esas cartas reflejan sus filias y fobias, sus miedos y esperanzas; reflejan, en suma, al hombre que fue Trumblo. Supe de ellas a través del documental que lleva su apellido y que cuenta con las participaciones de Michael y KirK Douglas, Dustin Hoffman, Donald Sutherland, Paul Giamatti, entre otros. La dirección corre a cargo de Peter Askin y se deja ver.

a.a

jueves, 19 de marzo de 2009

Que yo no soy Mickey Rourke



Que yo no soy Mickey Rourke
Ni tu Kim Basinger
Ni tengo nueve semanas y media

Así iba el estribillo de una canción de Joaquín Sabina que en mi legendaria época de universitario me calzaba como dócil guante.

Es obvio que Sabina no se sentía físicamente agraciado y por ello declaraba que él no era el galán del momento: Mickey Rourke. Décadas después el citado actor es todo menos eso.

En un escurridizo viaje a Monterrey el fin de semana pasado (objetivo: “El buen canario”), vi El luchador, protagonizada por Mickey Rourke y aún no me repongo.

Celebro que el director de la película, Darren Aronofsky, vuelva por sus fueros y retome el aliento que le conocimos en Requiem por un sueño.

El film cuenta la caída en picada de un otrora ídolo de las luchas. Ahora, envejecido y con un corazón a punto del colapso, le veremos ajustar cuentas con sus deberes incumplidos como padre y librar las batallas de un día a día en donde nada es bello.

Con todo y que la actuación de Sean Penn me pareció notable, si en mi hubiese estado designar la mejor actuación masculina del año, no tengo dudas, hubiese premiado a Mickey Rourke.

a.a

miércoles, 18 de marzo de 2009

Cinco notas sobre Milk



1.- Cada vez me agrada más el cine de Gus Van Sant. Prefiero sus últimos trabajos: Elefante, Paranoid Park y, por supuesto, Milk.

2.- Fue correcto que el personaje de Harvey Milk, el primer homosexual en luchar a favor de la igualdad de derechos para la comunidad gay de San Francisco en ganar una elección y conseguir un puesto público en su ciudad, fuese interpretado por un actor heterosexual: Sean Penn.

3.- Muy oportunas las palabras de Sean Penn al recibir el Oscar al mejor actor protagónico: se declaró a favor del matrimonio entre homosexuales, justo cuando el estado de California pretende derogar una ley que ya lo permitía.

4.- Dos aciertos. El primero, delimitar el film a sólo un episodio; aquel en el que vemos a un Milk activista. El segundo, y más importante, no centrar su vida en su bragueta.

5.- En septiembre, hace dos años, caminaba por Castro Street. Recuerdo que un cine exhibía películas fuera del circuito comercial (la de aquel día era Cruising, con Al Pacino). Al llegar a la placita en honor a Harvey Milk vi que una pareja de chicos se besaban. En la esquina, un policía organizaba el tráfico.

a.a

viernes, 6 de marzo de 2009

Los adorables Wheeler



Cuentan con casa en Revolutionaty Road. Han pasado siete años y este es el saldo: dos hijos y los anhelos de juventud tirados al caño. Si Abril (Kate Winslet) quiso ser actriz y si la idiotizante rutina le impide a Frank (Leonardo DiCaprio) indagar una mejor manera de consumir su existencia; entonces es hora, piensa Abril, de mudarse a París (porque siempre tendremos París). Es posible que en ultramar el vacío, que arponea sus días en Revolutionary Road, se llene de milagros. París, como hábil prestidigitador, pondrá de pie a los caídos sueños, piensan.

Los adorables Wheeler ignoran lo que Pedro Calderón de la Barca intuyó:

¿Qué es la vida? Un frenesí
¿Qué es la vida? Una ilusión
Una sombra, una ficción
Y el mayor bien es pequeño:
Que toda la vida es sueño
Y los sueños, sueños son.

Pero siempre hay un elemento ajeno al cálculo, siempre un molesto detalle escapa a la planeación. Ya no habrá viaje a París ¿Habrá manera de permanecer en el solar de Revolutionary Road sin que los Wheeler malgasten el tiempo, sin que el tiempo los malgaste a ellos?

Cuando el realizador Sam Mendes irrumpió en el séptimo arte traía en la mano un cartucho de dinamita; lo blandió en American Beauty y lo arrojó en Revolutionary Road: una soberbia película con diálogos (el film está basado en una novela de Richard Yates, un autor ahora olvidado) que uno juzgaría de una crueldad innecesaria:

(en el punto más álgido de una pelea conyugal)
Abril.- ¿Vas a matarme? ¿Vas a golpearme para demostrarme cuánto me amas?
Frank.- No vales ni la pólvora que te haría explotar.


Aunque la cinta cuenta con soberbias actuaciones (incluida la del extraordinario Michael Shannon, un loco contertulio de los Wheeler: el gaviero que avista la tormenta, sabe que el barco habrá de naufragar… y sonríe) es Kate Winslet quien se roba la pantalla. ¡Bravo, Kate! Ya era hora de alzarte ante los enanos que dudaban de tu estatura.

Todo fue minuciosamente orquestado, incluso el final fue resuelto con elegancia. Resulta de mal gusto, como lo hace la agente de bienes raíces (Kathy Bates) que ha colocado la casa de Revolutionary Road a nuevos moradores, hacer leña del árbol caído; la conocida historia: los ídolos de ayer, vituperados hoy. Ese rosario de habladurías es algo que ni el compañero fílmico de la Bates, ni usted ni yo querremos escuchar.

En tono pesimista: Vea usted esta película si está casado. Mejor, veála si aún puede evitarlo.

a.a

viernes, 27 de febrero de 2009

Adiós, Vitola



Se fue Vitola... pero se queda en sus películas. Aquí la pueden ver en una secuencia al lado de Tin Tan, en El rey del barrio; para mi gusto, una de las mejores películas de nuestro cine.

a.a

sábado, 21 de febrero de 2009

Río Helado




Un viaje a Quebec aquel invierno fijó en mi memoria un paisaje indeleble: el San Lorenzo parcialmente congelado.

Pienso en aquella imagen ahora que he visto Frozen River, el film ganador del Gran Premio del Jurado en la última edición del Sundance.

Algunas cintas del así llamado cine independiente suelen ser pretenciosas y derivan en ridículas. No es el caso de Frozen River. Esta película nos cuenta una historia de supervivencia, valor y solidaridad.

Ray (magníficamente interpretada por Melissa Leo), abandonada por su compañero, sobrelleva la ardua tarea de criar y educar a sus dos pequeños hijos. Esos empeños rozan la heroicidad, pero en el apremio de sus días no hay lugar para la jactancia.

La necesidad y el azar, aderezado con tráfico ilegal de inmigrantes en un trecho de la frontera mohawk compartida por Estados Unidos y Canadá, aliñan un duro final, mezcla de infortunio y esperanza.

Frozen River, lleva en su título la mejor metáfora: una historia temeraria y seca, se cuenta entre aquellas cintas que no dudaría en volver a ver.

a.a

martes, 2 de diciembre de 2008

De mentiras y mártires



El primer atentado terrorista de este mes tuvo lugar en Mumbai, seis personas, entre las que se contaba una judía mexicana, perdieron la vida como consecuencia de un asalto miliciano. David Ignatius, el autor de la novela en que se inspira el nuevo trabajo de Ridley Scott, sugiere que la pelea contra este nuevo flagelo da para rato pues a diferencia del terrorismo de antaño que enfrentaba a explotados y explotadores el de nuevo cuño se libra entre infieles y creyentes; y, para nuestro pesar, hay abundancia de mártires.

Me pregunto si Red de mentiras (Body of lies) formará parte de mis favoritas en la filmografía de Ridley Scott, en la segura compañía de: Blade Runner, Thelma and Louise y Alien.

Dos efectivos de la CIA (Crowe y Dicaprio), uno a control remoto, el otro en la arena, pelean contra el fundamentalismo islámico. Scott y su equipo despligan espectaculares secuencias para finalmente evidenciar lo que de sobra sabemos: en la guerra, como en el amor, se miente.

a.a

viernes, 21 de noviembre de 2008

Quémese después de leerse


La consabida frase de las historias de espionaje en manos de los hermanos Coen toma otro cariz. En esta ocasión los realizadores de No hay lugar para los débiles atacan la realidad en clave cómica. Un ex empleado de la CIA (John Malcovich) escribe sus memorias sin dejar de rumiar su inopinado despido: “¿Cuál trasero no besé?”, es la cuestión. Una de esas mujeres que ya no se cuecen al primer hervor (Frances McDorman) apuesta por reinventarse a través de la cirugía plástica. Pero eso cuesta, entonces habrá que obtener dinero a como de lugar. El amante de aquella (George Clooney) también se refocila con la esposa del primero (Tilda Swinton). El entrenador de un gimnacio (Brad Pitt), es como las chicas Almodóvar de aquella canción de Sabina, un poco listo, un poquitín bobo. En fin, un cortijo de imbéciles; entre ellos juegan a demostrar quién es más tonto.

Si después de leer el párrafo anterior infiere usted que repruebo Quémese después de leerse, se equivoca. He reiterado una y otra vez mi admiración por los Coen. Esta también es la ocasión.

Los días se anuncian mansos en la fría soledad de mi búnker. Escribiré, sin duda. Veré un poco de cine. Leeré otro tanto. Ya les iré contando.

Keith Richards. Es célebre la adicción del guitarrista de los Stone a los barbitúricos. No lo es tanto su agudo sentido del humor. Una muestra: “Nunca he tenido problemas con la droga. Sólo con la policía”.

a.a

jueves, 13 de noviembre de 2008

Una dama sin pudor


Desde la barrera los toros se ven distintos. Y lo que ciertamente para el personaje central de Una dama sin pudor (Irina Palm) debió representar un molesto inconveniente, para nosotros, los espectadores, es un hilarante asunto.

Una mujer ya entrada en años y en carnes, apremiada por agobios económicos, con el agravante de una impostergable próxima intervención quirúrgica de su pequeño nieto, resuelve hacerse de un buen dinero a como de lugar. Lo que uno jamás imaginaría, dado el desastroso estado físico de la señora, es que la fuente de sus ingresos resultase el sexo servicio. Claro, no en el arte del streaptease ni como trabajadora horizontal, que ya no está para esos trotes, sino renovando (añadiendo el elemento del glory hole) la práctica de la masturbación. Si nuestros distribuidores fuesen más mexicanos y menos persignados Irina Palm pudo llamarse, entre nosotros, Una mano amiga.

a.a

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ceguera


Por una razón que podemos atribuir al misterio, progresivamente, la humanidad va perdiendo la vista. Un grupo de estos ciegos (entre ellos se ha colado una vidente) es concentrado en un galpón. En ese estado de reclusión donde también se da la solidaridad y el amor, no tardarán en reproducir las bestialidades de su vida pasada.

La crítica no le ha sido del todo afortunada, pero cómo resistirse a este film. Sobran los motivos para ver Ceguera. Basada en una novela de José Saramago y dirigida por Fernando Meirelles (el realizador de Ciudad de Dios), cuenta con un efectivo reparto encabezado por Julianne Moore, que todo lo ilumina.

a.a

lunes, 10 de noviembre de 2008

Quemar las naves


Cuando el cine mexicano se ocupó del asunto Gay lo hizo de mal modo, con morbo y derivando en lo patético. No podemos culpar a esos realizadores (Ripstein en El lugar sin límites, Hermosillo en Doña Herlinda y su hijo o Exxxorcismos, Fons en El callejón de los milagros, por sólo citar algunos. Dejo fuera toda la ristra de películas de ficheras donde el gay no podía ser otra cosas que el jotito, la mariquita.); con su trabajo reflejaban el trato discriminatorio de la sociedad, de modo generalizado, para con aquella comunidad.

Cualquier chico gay nacido en los ochenta o noventa verá esas historias como algo arcaico. La cuestión homosexual tiende a normalizarse. Ya no se le demoniza como antaño. Pero nuestro cine se había anclado en otra era. La primera buena señal de que se enderezaría el rumbo la dieron los Cuarón con Y tu mamá también; basta de hipocresías, aquello le podía suceder a cualquiera.

Pero el trabajo mejor acabado sobre el tema nos llegó recientemente con Quemar las naves. Ópera prima realizada por Francisco Franco, homónimo del dictador español, esta película presenta muchas sorpresas: destaca la notable dirección de actores, la señorial belleza zacatecana, los temas musicales compuesto por Joselo Rangel, de la banda Café Tacvba, interpretados por Julieta Venegas y Eugenia León (esta última al estilo de las canciones que competían en el festival OTI); es una alegoría del amor fraterno y sus poderosos lazos, pero sobre todo una nueva mirada hacia el asunto homosexual; fresca, clara, sin dramatismo. Un desengaño amoroso se sufre igual, lo mismo si ocurre entre un hombre y una mujer que si entre dos hombres.

Coda. Lo olvidaba, hoy hablaré de José Emilio y sus batallas. Misma hora. Mismo lugar.

a.a

viernes, 7 de noviembre de 2008

Fuentes, García Márquez, el cine


Un diario de la localidad reproduce un texto extraído, así lo anuncia, de www.clubcultura.com en el que Gabriel García Márquez recuerda anécdotas de su trato con Carlos Fuentes, como parte de las celebraciones varias de que es sujeto el escritor mexicano en víspera de sus 80.

Recuerda el Nobel colombiano lo que considera el capítulo más deprimente de sus carreras, cuando al alimón trabajaban un guión cinematográfico: “… un director de cine nos hacía deshacer todos los días el trabajo del día anterior, para rehacerlo otra vez al día siguiente. Sólo porque el necesitaba retrasar el comienzo de la película para atender otro compromiso previo. Esa pesadilla de Penélopes literarios no sólo consolidó para siempre mi admiración y mi afecto por Carlos Fuentes, sino que había de inspirarme más tarde el viaje solitario del coronel Aureliano Buendía, que hacía y deshacía sus pescaditos de oro.”

(Permítaseme un discreto ataque de pedantería: un procedimiento semejante a esa tarea de Sísifo es el empleado por Fuentes en un relato sobre el cerco de Numancia, contenido en su libro El Naranjo.)

Una sugerencia: Sería afortunado que cualquiera de los cineclubes de la localidad, aprovechando la coyuntura, exhibiese Tiempo de Morir (¿La recuerdan? Es aquella que incluye la imborrable secuencia donde Jorge Martínez de Hoyos encarna a un valiente que en temerario desafío al machismo de la hora, gasta su tiempo libre en una tumbona aplicándose, como lo haría cualquier abnegada madre o abuela, al bordado). Realizada por un jovencísimo Arturo Ripstein, el guión de esa película se lo debemos a la mancuerna Fuentes-García Márquez. Si les parece una buena idea, pongo a disposición ese film, en formato dvd, de mi videoteca personal.

Coda. El próximo día 13 el cineclub de Estación Palabra proyectará Persépolis. Esta cinta animada ganó, ex aequo con Luz Silenciosa de Reygadas, el Premio del Jurado, en la edición 2007 del prestigioso festival de Cannes.

a.a

jueves, 23 de octubre de 2008

Los daneses saludan el amanecer de mayo


… es lo que dice el heroinómano padre (Jeff Bridges) a su hija de nueve años mientras ella le auxilia preparando la inyección. Con esta imagen desaforada usted probablemnte resolverá si quedarse o continuar.

A sus 60, la edad que tenía cuando rodó Tideland, Terry Gilliam se encuentra en forma. Como en muchos de sus trabajos anteriores, también aquí asistimos a una sobredosis de imaginación.

Les recomiendo las aventuras de la pequeña , previsiblemente huérfana, Jeliza-Rose en compañía de dos esperpénticos personajes, y cuatro cabezas de muñecas en apartado pastizal de la llanura norteamericana.

El discurso del Gilliam es diáfano: sobrellevamos nuestras sucesivas dosis de sinsabores a fuer de imaginar.

a.a

lunes, 20 de octubre de 2008

Cuatro meses, tres semanas, dos días



No hace mucho le leí a Juan Villoro que todos los mexicanos tenemos dos trabajos, aquel por el que nos pagan y crítico de cine.

En ese entendido me dispongo al ejercicio de una de mis funciones. Pero antes un aviso válido para esta crítica y las venideras: Las alusiones técnicas a granel me provocan tedio por ello las omitiré. Dicho de otro modo, no me demoraré en hablar de planos secuencias, manejos de cámaras, enfoques y tal. También me aburre abundar en el reparto; no obstante, el gentil lector podrá pulsar las letras del título de la película en cuestión y de ese modo accederá a un vínculo de la red donde le informarán sobre actores, directores, productores y demás.

Salvada la advertencia, paso a compartir mis impresiones sobre Cuatro meses, tres semanas, dos días, el film rumano que en 2007 se alzó con la Palma de Oro en Cannes.

La historia es esta: Son los días del comunismo en Rumania. Dos chicas comparten habitación en una residencia de estudiantes. Una de ellas cumple cuatro meses, tres semanas y dos días de embarazo no deseado el día que lo interrumpirá en complicidad con su amiga y con la intervención de un abortista.

En la Rumania de Ceausescu el aborto es ilegal. La penalización no disuade, empero, a las miles de mujeres que recurren a esa alternativa. Uno de los aciertos del director de la cinta, Cristian Mungiu, es su renuncia a pontificar a favor o en contra del asunto. Se limita a contar una historia.

La economía de recursos es el sello del trabajo de Mungiu; nos demuestra una vez más que para crear una obra maestra no es requisito necesario disponer de un ingente presupuesto.

Por otra parte, mucho se ha criticado la decisión del director de mostrar el feto sanguinolento en el baño del hotel donde se practicó el aborto. Se le juzga una rudeza innecesaria. No estoy de acuerdo. Es justamente esa resolución la que da carácter al film.

Aunado al escarpado tema de la interrupción del embarazo; de modo sutil, sin estridencia, reproduciendo la cotidianidad, asistimos a una eficiente crítica del los años del socialismo rumano; un gesto simple, reservar una habitación de hotel suponía internarse en el dédalo del burocratismo.

Es también una historia sobre la amistad llevada al extremo. Ya porque el abortista exige trato sexual con ambas chicas como parte del pago por su trabajo; ya porque una de ellas deambulará las frías y oscuras calles buscando dónde deshacerse del feto.

Veo difícil, en lo que resta del año, se proyecte una cinta superior a esta. La recomiendo ampliamente no sin antes largar una advertencia: no es apta para los blandos de piel.

a.a