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sábado, 29 de junio de 2013

El secreto y la clave


En su libro Mala índole, Javier Marías selecciona de su obra personal aquellos cuentos que le parecen aceptados y aceptables. Los que allí no figuren tendrán por mejor destino la sombra, el anonimato.
Al leer uno de esos trabajos afortunados, Lo que dijo el mayordomo, caí en una especie de   paramnesia. Pero no con respecto a otro trabajo del mismo autor ni en sintonía con una trama parecida leída en otro lado.
El narrador de la historia comparte azarosamente con un mayordomo el espacio  de un estrecho ascensor, por el tiempo que se reponga el suministro eléctrico que lo ponga en función de nueva cuenta.
Resulta sospecho que un personaje de suyo recóndito,  como suelen ser los mayordomos (pienso, por ejemplo, en el protagonista de Lo que resta del día de Kazuo Ishiguro) abandone su reticencia habitual y se torne lenguaraz y, para decirlo en corto, lo cuente todo, o casi. Pero en fin, Si no es de esa manera  de qué otro modo nos enteraríamos de lo que relató el mayordomo. Pero no es de esa indiscreción  de lo que quiero hablar.
Lo dicho puede ser, y es, interesante y por ello los invito a que acudan a ese cuento. Pero lo que inspira estas líneas es una reflexión que Javier Marías deja caer inquietantemente en su narración: “los libros que no leemos están llenos de advertencias; nunca las conoceremos, o llegarán demasiado tarde.”
¿Le resulta familiar ese enunciado? ¿Todavía descansan, inaugurados,  en su biblioteca los tomos de En busca del tiempo perdido de Proust? O, Para no ir más lejos, es posible que no haya usted aún encontrado el tiempo que reclama la lectura de los tres tomos de Tu rostro mañana, del propio Marías.
Resulta sino dramático por lo menos acongojante intuir que en esas lecturas postergadas nos esperaba alguna epifanía. Y, consecuencia del aplazamiento,  no sabremos jamás la importancia tremenda que esa revelación tendría en nosotros. Aquellas palabras ignoradas ¿cambiarían nuestro destino o modificarían  cierta conducta?
Al principio adelanté que la frase de Javier Marías operó, en mi memoria lectora, cierto déjà vu.  Para decirlo de otro modo, al leer esa reflexión no conocí su significado: lo reconocí. De algún modo aquellas palabras me acompañaban desde  otro lugar, desde otro libro.
Aquella cavilación  me remitió a un poema de José Emilio Pacheco donde el poeta nos cuenta de un libro: “Lo compré hace muchos años. Pospuse la lectura para un momento que no llegó jamás. Moriré sin haberlo leído. Y en sus páginas estaban el secreto y la clave.”

viernes, 12 de agosto de 2011

Saldos de una rifa de pueblo cuando agoniza el verano



Basta de sentirnos especiales; no lo somos en absoluto, parece decirnos Javier Marías en Los enamoramientos. No se nos elige por particularmente extraordinarios sino porque era lo que había, y a otra cosa. Leamos:

No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos, y aún así daríamos cualquier cosa a veces por seguir junto a quien rescatamos un día de un desván o una almoneda, o nos tocó en suerte a los naipes o nos recogió de los desperdicios; inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos lo que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano.

sábado, 23 de julio de 2011

Los enamoramientos (Fragmento)



O por la edad o por pereza o porque es tarde ya, llegamos a un punto en que volver a enamorarnos, ni pensarlo: Enamorarse, es un largo proceso, nos dice Javier Marìas, en Los enamoramientos, y su repeticiòn agobia:

Conocer a alguien nuevo, contarle la propia vida aunque sea a grandes rasgos, dejarse cortejar o ponerse a tiro, estimular, mostrar interès, enseñar la mejor cara, explicar còmo es uno, escuchar còmo es el otro, vencer recelos, habituarse a alguien y que ese alguien se habitùe a uno, pasar por alto lo que desagrada.

jueves, 21 de julio de 2011

Sobre la envidia



Lo peor es que este veneno -la envidia- suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos, y nosostros los tenemos por tales fiándonos de ellos; y son más perjudiciales que los enemigos declarados.

jueves, 24 de junio de 2010

An education




Me confieso rendido ante la actriz Carey Mulligan; su caracterización de Jenny en la película An education es entrañable; y admirable si se tiene en cuenta que su carrera apenas despunta.

Jenny es una chica atrapada en la red de un Don Juan. En esa circunstancia arriesga su anhelado ingreso a Oxford por perseguir los embelecos de una vida plena(*).

La historia de una joven que a los 16 distingue a los prerrafaelitas y especula sobre el existencialismo en Camus tendría que gustarme de modo irrenunciable. Y así fue.

...
(*) En la novela Todas las almas, Toby Rylands, uno de los más caros personajes de Javier Marías, sentencia: “Yo he tenido lo que se llama comúnmente una vida plena… No he tenido mujer ni hijos, pero creo haber tenido una vida de conocimiento, que era lo que me importaba. Nunca he dejado de saber más de lo que sabía antes, y es indiferente donde quieras poner ese antes, aunque sea hoy, aunque sea mañana.”

lunes, 12 de octubre de 2009

Millenium



El hombre de la foto en vida llevó el nombre de Stieg Larsson, probablemente el escritor sueco más famoso en este momento. A manera de señas particulares, El País publicó bajo la firma de Juan Diego Quesada lo siguiente:

Stieg Larsson trabajaba como periodista para la revista Expo, especializada en temas de inmigración y racismo y a la ves escribía las novelas. Dormía muy poco, un par de horas, fumaba cada día tres cajetillas de Marlboro Light y tomaba una veintena de cafés. Le encantaba la comida basura. Vivía en un apartamento de 56 metros... Manejaba poco dinero y el que tenía lo gastaba en la revista. Apenas le daba importancia a las cosas materiales. Se pasaba las noches escribiendo en su MacBook blanco, al igual que hacía cuando era niño, pero esta vez de una forma más silenciosa. El día que murió de un ataque al corazón, el 9 de noviembre de 2004, Stieg Larsson dejó tres libros terminados en la editorial Norstedsts. Esto es lo que había firmado con la compañía. En su cabeza tenía pensada una saga de siete libros.


Se sabe que incluso hay avanzadas poco más de docientas páginas de lo que sería la cuarta parte de la saga pero su publicación peligra por un pleito establecido entre los herederos del escritor y la que fuera su compañera por más de tres décadas pero con la que nunca llegó a casarse.

Larsson ilustra el poco común caso del escritor que cobra fama póstuma y que en vida vivió en aprietos económicos sin llegar a disfrutar las regalías de los millones de ejemplares que sus obras colocarían por el mundo. Me hace recordar, guardadas las proporciones, el caso de John kennedy Toole y su novela La conjura de los necios.

"Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una hisotia" El de la voz es Mario Vargas Llosa y la ficción que motiva su entusiasmo es, precisamente, la trilogía Millenium de Larsson. Y es que si a uno le da por leer Los hombres que no amaban a las mujeres muy probablemente continuará leyendo La chica que soñaba con un cerillo y un galón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire pues es dificil desentenderse de la adicción generada por esas novelas que tiene como marco una Suecia inopinada donde medran empresarios rapáces y políticos prevaricadores.

Millenium no es, hay que decirlo, Tu rostro mañana de Javier Marías, por citar un ejemplo categórico. Millenium está por momentos escrita con desaliño y no se sumerge en honduras reflexivas; sin embargo, se lee con la misma felicidad conque leímos Los tres mosqueteros o cualquier otra novela de aventuras o serie negra. De manera que me sumo a los que simpatizan con la saga del sueco y adelanto que no me interesa entrar en animosidades con los malquerientes de la misma, que los habrá.

Un hecho incontrovertible es la galería de personajes involvidables con las que estas tres novelas contribuyen a la literatura; sobremanera uno: Lisbeth Salander, su protagonista; una chica como muchas de la hora, con tatuajes, piercings, independiente, insumisa, y no del todo políticamente correcta; cualquier solitario la amará.

a.a

lunes, 6 de julio de 2009

Cosas que tema ya no son




Cada que me detengo en la obra de Javier Marías asisto a la construcción de un clásico. Y cuando digo obra, pienso en sus múltiples tareas: escritor, traductor, editor. Reino de redondas es el nombre del sello editorial concebido y dirigido por el matritense. Entre los cuadernos que esta empresa ha rescatado se encuentran El espejo del mar, recuerdos autobiográficos de la vida marina de Joseph Conrad:

Es el mejor homenaje que mi piedad puede rendir a los configuradores últimos de mi carácter, de mis convicciones y en cierto sentido de mi destino: al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen, y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado.


Adelanto: Hoy toca Onetti y su Infierno tan temido; el próximo mes, El Aleph de Borges.

a.a