Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fuentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Fuentes. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de febrero de 2013

La nación es todavía



El libro Personas, de Carlos Fuentes, reúne un conjunto de semblanzas; entre ellas destaca la de Alfonso Reyes, su mentor.

Al evocarlo, Fuentes recuerda que Reyes era atacado porque su obra, para algunos tontos, eludía lo vernáculo (como si el regiomontano no hubiese escrito Visión de Anáhuac y múltiples ensayos críticos sobre autores mexicanos). Reyes, reflexionando el punto, escribió:


Nadie ha prohibido a mis paisanos –y no consentiré que a mí nadie me lo prohíba- el interés por cuantas cosas interesan a la humanidad…Nada puede sernos ajeno sino lo que ignoramos. La única manera de ser nacional consiste en ser generosamente universal, pues nunca la parte se entendió sin el todo… La nación es todavía un hecho patético, y por eso nos debemos todos a ella.


No podemos menos que consentir. Las palabras de Reyes, además  de rotundas,  vigentes.

martes, 5 de abril de 2011

Dos abuelas




Carlos Fuentes recuerda a sus dos abuelas:

Una, oriunda de Sonora, era divertida, luchadora y feliz; la otra, de ascendencia alemana, era más severa. Me diero dos cosas. Por un lado, severidad, puntualidad y disciplina; por otra, alegría e invención.

El sano equilibrio de ambas herencias, de alguna manera, explica el éxito de Fuentes.

.

martes, 11 de noviembre de 2008

Fuentes, 80


La última vez que vi a Carlos Fuentes en un evento público fue en noviembre de 2006, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara; se congregaban también José Saramago y Gabriel García Márquez. El motivo de la reunión eran la participación de la premio Nobel sudafricana Nadine Gordimer en la Cátedra Julio Cortazar.

Fuentes parecía un dandy, impecable. Cualquiera pensaría que evita el desaliño lo mismo en sus escritos que en su persona. Recuerdo incluso que lucía bronceado. Si la memoria no me juega una mala pasada se refirió a la escritora sudafricana como una valiente opositora del apartheid y una “artesana de la palabra”. Gordimer, a su vez, manifestó que pese al elogio de Fuentes, en aquel momento, abrumada por el cariño tapatío, no encontraba que decir, le faltaban las palabras. Y por absurdo que parezca así fue, al menos por unos minutos, pues había olvidado llevar consigo el escrito del discurso para la ocasión.

Me parece que Fuentes ha escrito libros importantes y otros no tanto. Su primera novela publicada, que este año cumple el medio siglo de vida, La región más transparente, renovó la narrativa mexicana. En nuestro país nadie había escrito algo así.

La generación de Fuentes no pocas veces atendió el llamado de Jean Paul Sartre y su idea del escritor comprometido. Esto los llevo a defender lo indefendible y a silenciar crímenes y aberraciones. Para nuestra fortuna, Fuentes, al igual que Octavio Paz, optó por afirmar la soledad del artista. Desde su libertad el escritor puede o no apoyar o reprobar esto o aquello. En palabras de Fuentes: “El escritor es libre de escoger su filiación política, su ideología, su actividad ciudadana. O no tenerla”.

Se le ve más joven y enérgico que nunca. Hoy es su cumpleaños. Felices 80.

La de anoche. Fue la reunión más emotiva de lo que va del año. Fue, también, la más nutrida. Creo que al abordar a José Emilio me detuve más en el poeta que en el narrador. En qué momento, no lo sé, pero se hizo la magia. Cuando me formulé el propósito de animar un Círculo de Lectores en Nuevo Laredo secretamente anhelaba una reunión como la de anoche. Mi deseo se ha cumplido. Para finalizar el año, adelanto, me ocuparé de Fernando del Paso y su Noticias del Imperio. La cita es para diciembre 8. Una vez terminada la reunión de esa noche nos trasladaremos a la casa de la sra. Diana Deándar para una reunión de carácter social. Los que deseen asistir por favor coordínense con ella, para lo que haga falta.

a.a

viernes, 7 de noviembre de 2008

Fuentes, García Márquez, el cine


Un diario de la localidad reproduce un texto extraído, así lo anuncia, de www.clubcultura.com en el que Gabriel García Márquez recuerda anécdotas de su trato con Carlos Fuentes, como parte de las celebraciones varias de que es sujeto el escritor mexicano en víspera de sus 80.

Recuerda el Nobel colombiano lo que considera el capítulo más deprimente de sus carreras, cuando al alimón trabajaban un guión cinematográfico: “… un director de cine nos hacía deshacer todos los días el trabajo del día anterior, para rehacerlo otra vez al día siguiente. Sólo porque el necesitaba retrasar el comienzo de la película para atender otro compromiso previo. Esa pesadilla de Penélopes literarios no sólo consolidó para siempre mi admiración y mi afecto por Carlos Fuentes, sino que había de inspirarme más tarde el viaje solitario del coronel Aureliano Buendía, que hacía y deshacía sus pescaditos de oro.”

(Permítaseme un discreto ataque de pedantería: un procedimiento semejante a esa tarea de Sísifo es el empleado por Fuentes en un relato sobre el cerco de Numancia, contenido en su libro El Naranjo.)

Una sugerencia: Sería afortunado que cualquiera de los cineclubes de la localidad, aprovechando la coyuntura, exhibiese Tiempo de Morir (¿La recuerdan? Es aquella que incluye la imborrable secuencia donde Jorge Martínez de Hoyos encarna a un valiente que en temerario desafío al machismo de la hora, gasta su tiempo libre en una tumbona aplicándose, como lo haría cualquier abnegada madre o abuela, al bordado). Realizada por un jovencísimo Arturo Ripstein, el guión de esa película se lo debemos a la mancuerna Fuentes-García Márquez. Si les parece una buena idea, pongo a disposición ese film, en formato dvd, de mi videoteca personal.

Coda. El próximo día 13 el cineclub de Estación Palabra proyectará Persépolis. Esta cinta animada ganó, ex aequo con Luz Silenciosa de Reygadas, el Premio del Jurado, en la edición 2007 del prestigioso festival de Cannes.

a.a