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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Pantanos de Centla



Pasada la navidad, en compañía de Mamá, Lorena y Rubén visité Pantanos de Centla. Tomamos la carretera que va de Villahermosa a Frontera; rebasados unos 80 kilomentros alcanzamos la, por el volumen de su descarga, cuenca hídrológica más importante de mesoamérica. Esos humedales, filtro natural de las aguas dulces que van al mar, que en esencia toman parte del municipio que les da nombre, más algo de Jonuta y Macuspana, abarcan poco más del 12% del territorio tabasqueño y por su incuestionable importancia en 1992 fueron declarados Reserva de la Biósfera.

De suave belleza resultaron los dos o tres canales que recorrimos en lancha e imponente, esa es la palabra, la bifurcación conocida por los lugareños como 3 brazos; el punto donde confluyen los ríos San Pedro, Grijalva y Usumacinta.

Cualquier amante de la flora y fauna tendrá un festín: abundan reptiles de la región como la iguana y el garrobo; quelonios sin los cuales tabasco no se entiende: pochitoques, hicoteas, guaos; diversas garzas y cormoranes (el pato buzo de nosotros los chocos) y mucho más. Mi ignorancia en la materia acorta este párrafo.

En esa abundancia que se antoja infinita no es difícil ser feliz; sin embargo, por razones que atribuyo a mi salvaje corazón pensé en como el amor a un mismo tiempo golpea y acaricia; recordé unos versos de Gorostiza que desde hace años me acompañan. Cito de memoria:

Tiene el amor feroces galgos morados
pero también sus mieses
también sus pájaros

miércoles, 8 de octubre de 2008

La complicada trama


Es el amor, lo bello y lo bueno que nos ocurre lo necesario para sobrellevar la complicada trama de nuestras existencias. Ayer, en su editorial para Reforma, Germán Dehesa lo exponía:

Nosotros, por decir algo, decimos que la vida nos está castigando por tal cosa, o nos está premiando por tal otra. Es falso, a la vida no le importamos ni un pistache. Le somos totalmente indiferentes. De otro modo no se explica por qué a gente tan buena le ocurren cosas tan terribles y a gente tan nefasta no le ocurre nada.

"De nadie digáis que ha sido feliz hasta que no haya muerto", nos advierte Tiresias en "Edipo Rey". Así es y no hay placidez que no pueda casi instantáneamente convertirse en un horror que no se digna darnos la menor explicación. Son tantos los hilos que tejen nuestra vida. Los que llegan como portadores de felicidad hay que atesorarlos, apreciarlos y disfrutarlos. Será dificil atravesar la tiniebla si no tenemos reservas probadas de dicha y de gozo diluidas en el cuerpo. Dice José Gorostiza: "Tiene el amor feroces galgos morados,/ pero también sus mieces, también sus pájaros".


Así las cosas.

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